13 de Diciembre de 1810, Hidalgo nombra al primer embajador del México Insurgente para Estados Unidos*

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En Guadalajara, Miguel Hidalgo e Ignacio Allende plantean la primera política internacional del movimiento de independencia al emitir un documento por el que nombran al primer embajador del México insurgente para Estados Unidos.[]Por tanto, y teniendo entera confianza y satisfacción en vos, D. Pascasio Ortiz de Letona, nuestro mariscal de campo, plenipotenciario y embajador de nuestro cuerpo cerca del supremo Congreso de Estados Unidos de América, hemos venido en elegiros y nombraros, dándoos todo nuestro poder y facultad en la más amplia forma que se requiere y sea necesaria, para que por Nos y representando nuestras propias personas y conforme a las instrucciones que os tenemos comunicadas, podáis tratar, ajustar y arreglar una alianza ofensiva y defensiva, tratados de comercio útil y lucroso para ambas naciones, y cuanto más convenga a nuestra mutua felicidad, accediendo y firmando cualesquiera artículos, pactos o convenios conducentes, a dicho fin; y nos comprometemos y prometemos en fe, palabra y nombre de la nación, que estaremos y pasaremos por cuanto tratéis, ajustéis y firméis, ratificándolo en especial forma; en fe de lo cual mandamos despachar la presente, firmada de nuestra manos, y refrendada por el infrascrito nuestro consejero y primer Secretario de Estado y de Despacho[…]”.

El botánico Pascasio Ortiz de Letona, originario de Guatemala, cuando se encamine a cumplir su misión, será hecho prisionero y, por los documentos, descubierto como representante de la revolución de Independencia. Cometerá suicidio antes de confesar el carácter de su encomienda.

Isidro Fabela, en el libro “Los Precursores de la Diplomacia Mexicana” refiere “que nuestros libertadores no tenían un concepto muy claro de lo que fuera la Diplomacia, y que entre todos ellos no había uno que estuviera al cabo de los formalismos usados en tales casos.[]Hidalgo no tuvo tampoco un hábil consejero que estuviera familiarizado con la política internacional, con la diplomacia ni con el formulismo protocolar de las cancillerías europeas, de donde resultó que la credencial de Letona, fuera un documento inadecuado y mal hecho[…].”

Después, Hidalgo nombrará a Bernardo Gutiérrez de Lara, quien se entrevistará con el secretario de estado norteamericano, James Monroe. Según los testimonios de la época, dicha entrevista es “tempestuosa”, pues Monroe condiciona el apoyo a la independencia de México, a la adopción de la Constitución estadounidense; “el coronel Bernardo, se levantó furioso de su silla al oír semejante proposición y salió del despacho de Mr. Monroe muy enojado de la insultante proposición“.

En 1812 serán conocidos los planes de expansión de Estados Unidos hasta los límites del río Norte (Bravo).

·         De “MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO” por Doralicia Carmona.

 

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Para recordar a Francisco Villa

Villa El Universal

Para recordar a Francisco Villa a 94 años de su asesinato.

José Doroteo Arango Arámbula, conocido por su seudónimo Francisco Villa

Nacimiento‎: ‎23 de junio de 1878; San Juan del Rio, Durango.

Fallecimiento‎: ‎20 de julio de 1923; Parral, Chihuahua.

 Del periódico “El Universal”, parte de una serie de artículos de Regino Hernández Llergo, titulados “Una semana con Francisco Villa en Canutillo”, en su primera entrega “Echando la platicada”, fue escrita el 14 de junio de 1922.

“…-¡Vamos al comedor! -prorrumpió el general, rompiendo él la marcha…”.

El general, mientras almorzábamos, siguió “echando la platicada”:

“Debo advertir, que en Parral, entre las condiciones que me impuso para visitar Canutillo, una fue la de que no le hablara nada de política, ni le dirigiera alguna pregunta relacionada con los hombres del Gobierno. Pero como más adelante se vera, de lo que con mayor amplitud me habló el general Villa, fue de política…”

“…Últimamente, las prensas se han ocupado de mí, diciendo que he pensado lanzar mi candidatura para Gobernador del Estado de Durango.

-Sí, se ha dicho algo de eso ratifiqué con despreocupación, como para demostrarle que no tenía gran interés en el asunto…

-Eso se debe -añadió- a que, …me han enviado cartas y comisiones ofreciéndome mi candidatura y pidiéndome autorización para trabajar en mi favor…

Hizo una pausa, y prosiguió: -Pero yo les he dicho que se esperen… que no muevan ese asunto por ahora. Les he manifestado que en los arreglos que hice cuando me arreglé con el Gobierno, había dado mi palabra de que yo no me metería en asuntos de política durante el periodo del general Obregón… y estoy dispuesto a cumplir con mi palabra. Fue mi palabra de honor la que yo di, y para mí el honor es algo muy sagrado. A todos mis amigos les he dicho lo mismo: que esperen, que cuando menos lo piensen llegará la oportunidad… ¡entonces será otra cosa!”.

“Confieso que con declaración de tal magnitud, el bocado se me quedó en la garganta, y fue preciso que apresuradamente tomara un trago de leche para ayudar el descenso de la “bola” que me ahogaba. Fernando (el fotógrafo) me miró con el rabo del ojo, como diciéndome: -¡qué tal, eh! ¡Esa es una declaración sensacional!

El general Villa, como la cosa más natural del mundo, añadió, entre sorbo y sorbo de su gran taza de café con leche: -“En esta época hay muchos políticos ambiciosos, que ningún bien hacen a mi raza; Pasan el tiempo discutiendo tonterías y robándose el dinero que le pertenece al pueblo (…). Yo, a esos políticos de petate, los tomaría de mi cuenta, los embarcaría en un tren especial, y los haría recorrer la República para que en cada parte, convocara al pueblo para enseñárselos, diciéndoles: -¡Pueblo, éstos no te hacen ningún bien, sólo hablan y te roban tu dinero”

Pero cómase sus frijolitos -me insinuó en otro tono, viendo que había abandonado el almuerzo, para escucharlo con mayor atención -¿no le gustan?

-Sí, general, ¡cómo no! -y sin más trámite le entré largo y tendido al enorme plato de bayos que el mozo me había puesto enfrente. ¡Me hubiera comido hasta cien platos de frijoles, con tal de que él siguiera, por ese camino, “echando la platicada”!

“Mis deseos se cumplieron instantáneamente, porque él continuó:

-Pues eso de mi candidatura para Gobernador de Durango, no tiene mucha importancia para mí en estos momentos; pero eso le demostrará a usted el gran partido que tengo… ¡tengo mucho pueblo señor!… ¡Mi raza me quiere mucho señor!… yo tengo mis amigos en todas las capas sociales, ricos, pobres, cultos, ignorantes… ¡Uh, señor, si yo creo que nadie tiene ahora el partido que tiene Francisco Villa!… Por eso me temen -añadió con naturalidad- por eso me temen los políticos… me tienen miedo, porque saben que el día que yo me lance a la lucha, ¡uh, señor!… los aplastaría -Pero no quiero. He dado mi palabra de honor, y Francisco Villa respeta su palabra!”.

“Terminado el almuerzo, el general fue el primero en levantarse. Me tomó del brazo y sonriéndole al compañero fotógrafo, nos invitó a que siguiéramos recorriendo la hacienda…”  y… Un año y un mes después, fue asesinado.

 

La voluntad popular.- O como hacer las cosas bien.

PNR

Plutarco Elías Calles convoca el 4 de marzo de 1929 a la creación de un Instituto político que aglutine los caudillismos regionales y se convierta en un movimiento nacional de lucha por renovar la vida política de México y “…mejorar los destinos de la Patria…”, nace entonces el Partido Nacional Revolucionario que hasta el 30 de marzo de 1938 permaneciera con este nombre. En estos años es Gobernador de Hidalgo el Ing. Bartolomé Vargas Lugo del 1° de abril de 1929 al 31 de marzo de 1933; en los finales de su administración reitera el compromiso adquirido desde su toma de protesta como Gobernador cuando cita: “Traigo el noble propósito de ser justo con todos; no me considero factor de determinada facción política y por lo tanto estoy en condiciones de conceder la razón a quien la tenga, trátese de quien se tratare, ajustando todos mis actos a la ley y siendo severo con aquellos que olvidando sus deberes cometan abusos”. Y en plena efervescencia electoral por la publicación de la convocatoria para las convenciones de los actos preparatorios de las elecciones de los poderes federal emite su MANIFIESTO AL PUEBLO DEL ESTADO DE HIDALGO publicado el 18 de febrero de 1932; parte medular de este (Informe de Gobierno del Ing. Bartolomé Vargas Lugo, 31 de marzo de 1933):

 “Manifiesto: El Partido Nacional Revolucionario, con fecha 21 de enero próximo pasado, lanzó la convocatoria para Convenciones Municipales y Distritales a fin de reorganizar sus Comités Municipales y de Estado, actos preparatorios de las elecciones de Poderes Federales que se realizarán el primer domingo del próximo mes de julio.

Los términos en que está inspirada la convocatoria, hacen honor a nuestro Partido, ya que toda ella no significa más que la previsión del respeto al voto de las mayorías, eliminando de hecho la intervención de las autoridades en la formación de los comités que son como lo expresa la convocatoria, la célula constitutiva del Gran Organismo Nacional, y por lo mismo deberán ser la expresión de la voluntad de las mayorías revolucionarias. La misma convocatoria reclama de las autoridades de los Estados y de los Municipios, colocarse en un absoluto plano de respeto a la voluntad popular, dejando el completo libre juego de las opiniones no sólo de los miembros del Partido Nacional Revolucionario, sino también de sus contendientes.

Además, la convocatoria hace presente el artículo primero de los Estatutos de nuestro Partido, que ordena llevar a los puestos representativos a elementos que por su filiación, idoneidad y moralidad garanticen los postulados de la Revolución y las aspiraciones generales del país.

En una palabra, el Partido en esta ocasión, vuelve, una vez más, a tratar de resolver los problemas políticos con todo desinterés y alteza de miras, buscando con actos que son su mejor prestigio, como es el respeto a la voluntad popular en materia electoral, su más firme arraigo y el progreso y la paz orgánica de nuestro país.

Habiendo comenzado la agitación política en el Estado de Hidalgo toca a mí personalmente, como representante de su Gobierno, exponer sinceramente, con la autoridad que me dan mis antecedentes en nuestros problemas políticos locales, lo que pienso y lo que haré en esta ocasión, en que, si se consigue efectivamente el respeto a la voluntad popular, habremos constituido un verdadero Partido Nacional y fortalecido para siempre la era institucional. Por esta razón deseo manifestar al pueblo de Hidalgo, tener conocimiento de que algunos compañeros míos, que desean ser candidatos a diputados al Congreso de la Unión, toman mi nombre en su propaganda y aseguran contar con mi apoyo. Esto es inexacto; el único interés que yo abrigo, no es respecto a personas; recomiendo que en todos los actos preparatorios a las elecciones y en estas mismas, se convoque a todos los interesados y se respete la voluntad popular de las mayorías; recojo la recomendación de mi Partido de dejar en libre juego las opiniones y por lo tanto, desautorizo a las personas que dicen contar con el apoyo del Gobierno”.

“…Estimo que, para el bien de nuestro Estado, no deben invadirse esas atribuciones; por lo tanto el Gobierno debe dedicarse esencial y preferentemente a resolver sus problemas sociales y económicos. Hasta el presente lo hemos conseguido; Esta obra requiere mi atención personal constante; por esta causa, y estando además, íntimamente unida esta administración al Comité de Estado, deja a éste la absoluta responsabilidad de las próximas elecciones, advirtiendo expresa y terminantemente que me solidarizo con sus actos, pues tengo fe en que, como lo recomienda el Partido, velará por el respeto a la voluntad popular, el mejor sostén de la tranquilidad de México y en que encauzará a la opinión hacia designaciones que reúnan los requisitos de filiación revolucionaria, idoneidad y moralidad que garanticen los postulados de la Revolución y el progreso del país. Pachuca, 18 de febrero de 1932. El Gobernador Constitucional del Estado de Hidalgo. .

ING. BARTOLOME VARGAS LUGO.

Discurso de José Vasconcelos el 14 de mayo de 1921

Jose Vasconcelos

A continuación, compartimos un fragmento del discurso pronunciado por José Vasconcelos, el 14 de mayo de 1921, con motivo del festejo del día del maestro, donde alude a la misión del docente.

“Gobernémonos hasta donde es posible nosotros mismos, pero no haya entre nosotros quien reclame fuero, pues ni somos ni debemos ser casta aparte, sino unidades sociales ligadas íntimamente a la vida del conjunto, y obligadas más que ninguna otra a entender y adivinar las exigencias sociales, las corrientes de renovación, los anhelos de progreso. Soñar y realizar el sueño, eso es lo que debe hacer el maestro, si no quiere perder su influencia, si no quiere quedarse atrás, si no quiere que le ocurra lo que ya tan a menudo ocurre al profesor oficial: que por no estar alerta, por no comprender su verdadera misión, se ve suplantado por la escuela privada de carácter popular, por la escuela obrera, donde enseñan hombres que han aquilatado su doctrina con el contacto inmediato de los problemas de la vida

Estoy hablando de maestros, y no hago, no quiero hacer distinciones entre profesores de primeras letras y profesores normalistas y profesores universitarios, en esta época de revisión de valores, en la que es peligroso estar recordando categorías. La Universidad, ya hace tiempo que hizo su examen de conciencia; se sintió un poco inútil, y ha salido por esos campos y por esas calles un poco dudosa de si va a enseñar o de si va a aprender, resuelta, a pesar de todo, a prodigar con ambas manos la poca semilla que hay en sus arcas, deseosa, por lo menos, de mostrarse servicial, si acaso no puede portarse sabia. Y los profesores normalistas, la otra categoría que ha solido aislarse para mirar desde lo alto al maestro elemental, parece convencida también de que no bastan sus propósitos, de que son dudosas todas sus teorías pedagógicas, y de que toda sabia disertación palidece ante el esfuerzo del profesor elemental, del profesor honorario, del profesor de aldea, que junta a unos cuanto pobres, y sin más estímulo que el interior afán de transmitir la luz propia a la conciencia oscura, predica y enseña sin reservarse nada, por corto que sea su saber.

Iguales somos todos los maestros. Entre nosotros no hay categorías, sino diferencias, y cada aspecto concurre a su propósito, y todo se suma en armonía sublime.

Mas, sigo hablando de maestros, y os veo a vosotros, y lo que es todavía peor, me veo a mí mismo, y una irresistible y cruda sinceridad me obliga a dibujar una amarga sonrisa y a preguntarme: ¿Maestros de qué? ¿Qué es lo que sabemos nosotros para ser maestros? Uno que otro procedimiento útil, una que otra receta para que la vida del hombre no se confunda con la vida del bruto, pero de las grandes cuestiones fundamentales no sabemos nada; y así como dijo Tolstoi, que el hombre no puede constituirse en juez del hombre no puede ser el maestro del hombre. Sin embargo, es preciso que cada generación transmita su experiencia a la que siga, y que cada hombre ofrezca su ejemplo a los demás; de aquí que afirmamos que es legítimamente maestro el que trata de aprender y se empeña en mejorarse a sí mismo. Maestros son quienes se apresuran a dar sin reserva el buen consejo, el secreto recóndito, cuya conquista acaso ha costado dolor y esfuerzo. Uno que ya pasó por distintas pruebas y no ha perdido la esperanza de escalar los cielos, eso es un maestro. Si somos justos, si somos intransigentes con la maldad y enemigos jurados de la mentira; si a semejanza del Brand de Ibsen, borramos de nuestra conducta la palabra transacción, si no transigimos ni con la verdad a medias ni con la justicia incompleta, no con la fama usurpada, entonces seremos verdaderos y ejemplares maestros.

Así los necesita la patria y así tiene que darlos la revolución. Esta revolución, que produjo soldados más capaces y más enérgicos que los antiguos soldados que eran sostén del dictador, tiene que llegar a dar maestros mucho más sinceros, mucho más altos que los antiguos maestros que fueron halago y complacencia del déspota. La revolución es hija vuestra. El maestro de escuela, especialmente, se portó mejor que el maestro universitario, porque supo aliarse prontamente con los intereses de la justicia. De la clase vejada de los maestros primarios, salieron soldados y generales de la revolución y diputados y gobernadores y ministros del gobierno nuevo. Y si el campesino puso el vigor de sus brazos al servicio del progreso social, el maestro, en muchos casos, inspiró conciencia y orientó energías.

Nada tiene, pues, de raro, que hoy que la revolución de verdad ha triunfado, hoy que la justicia y el bien comienzan a abrirse paso, la nación vuelva los ojos a los maestros para pedirles que consoliden la obra a tan dura costa realizada, para pedirles que aseguren su provenir lisonjero.

Se necesita ser sordo de alma para no escuchar los clamores que se levantan del seno del pueblo, como si hubiese sonado, después del largo tormento, la hora de su destino. No es el sentir de un solo pueblo, sino el rumor del progreso de una raza entera lo que hoy conmueve las entrañas de nuestra patria. Igual efervescencia renovadora sacuda a toda la familia de habla española en el Continente, y un mismo soplo nos levanta, porque llegó la era que a cada raza es concedida para iluminar la historia con los milagros perpetuos de la potencia humana.

Cada uno de los hijos de esta raza, que ya sintió en el corazón el llamado celeste que por fin nos convoca a la dicha, espera de vosotros, maestros, la palabra que despierte su pujanza.
Cada uno de los hijos de México reclama de vosotros un par de dones sublimes: la habilidad para el trabajo que da el sustento, y la luz para el alma que ansía la gloria.”

 

 

Una carta de Zapata

Zapata El 10 de abril de 1919, Emiliano Zapata cabalgó hasta la Hacienda de Chinameca para encontrarse con el Coronel Jesús Guajardo, un oficial que había desertado del gobierno carrancista. Cuando Zapata entró por el portón de la hacienda eran las dos de la tarde y la guardia de Guajardo le presentó armas. Entonces sonó una trompeta y la guardia le disparó a quemarropa. El Guerrillero cayó para siempre.

El Guerrillero que jamás arrió ni su bandera ni su guardia, luchó hasta el fin por la estricta aplicación de las demandas de tierra y libertad cayó para siempre. El Coronel Guajardo fue ascendido a general y recibió una recompensa de $ 52 000.

Para las altas autoridades y los medios masivos de comunicación, las grandes figuras de nuestra historia, no les son “comercializables hoy”; o tal vez haya un resquemor del surgimiento de un nuevo líder que como aquel pudiera hacer surgir “el México bronco”. Líder que como veremos enseguida no era únicamente el Caudillo del Sur y el que más de una vez salvó la marcha de la Revolución, su táctica de guerrillas fue genial y le permitió sobrevivir en la lucha sin contar con elementos suficientes. Infortunadamente, fue asesinado un domingo 10 de abril de 1919 y los homenajes que se rindieron fueron justo reconocimiento a su heroísmo libertario. Si su memoria fue aprovechada por oportunistas, ello no ha empañado sus méritos, uno de ellos lo vemos en esta carta que Alfonso Reyes H. Consejero del Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización en esos años, Publica en su libro “Emiliano Zapata, Su vida y su obra”.- Editorial Libros de México, 1963, he aquí parte de ella:

Un sello que dice: EJERCITO LIBERTADOR DE LA REPUBLICA MEXICANA. CUARTEL GENERAL.

Tlaltizapán, Mor. 14 de febrero de 1918.

 

Señor General Jenaro Amezcua.

La Habana.

 “Estimado amigo…”

“Por los recortes que se sirven adjuntarme, quedo impuesto de la benévola acogida que en la prensa de esa Capital han tenido las declaraciones hechas por Ud. acerca de las finalidades que perseguimos; lo que es un indicio cierto de que la intelectualidad cubana se da cuenta de la importancia de este movimiento regenerador y simpatiza con él abiertamente, al reconocer su indudable justicia. De todas maneras celebro que en ese interesante país hermano del nuestro, repercutan vigorosamente y dejen hondas huellas las reivindicaciones gallardamente sostenidas por el pueblo campesino en esta República de México.

Era de esperarse que así sucediera, era de augurarse esa cordial hospitalidad para nuestros anhelos de reforma y para nuestros empeños de radical renovación; pues lo mismo tienen que pensar y que sentir dos pueblos de igual raza y de igual historia, que sufren y han sufrido idénticos males, que en su seno sienten agitarse los mismos problemas y que es lógico, por lo mismo, alienten análogos ideales y vibren con los mismos entusiasmos.

“… No es de extrañar, por lo mismo, que el proletariado mundial aplauda y admire la revolución rusa, del mismo modo que otorgará toda su adhesión, su simpatía y su apoyo a esta revolución mexicana al darse cabal cuenta de sus fines. Por eso es tan interesante la labor de difusión y de propaganda emprendida por usted en pro de la verdad; por eso deberá acudir a todos los centros y agrupaciones obreras del mundo, para hacerles sentir la Imperiosa necesidad de acometer a la vez y de realizar juntamente las dos empresas, educar al obrero para la lucha y formar la conciencia del campesino”. Es preciso no olvidar que en virtud y por efecto de la solidaridad del proletariado, la emancipación del obrero no puede lograrse si no se realiza a la vez la liberación del campesino. De no ser así, la burguesía podrá poner estas dos fuerzas la una frente a la otra, y aprovecharse, vgr., de la ignorancia de los campesinos para combatir y refrenar los justos impulsos de los trabajadores citadinos; del mismo, modo que, si el caso se ofrece, podrá utilizar a los obreros poco conscientes y lanzarlos contra sus hermanos del campo. Así lo hicieron en México, Francisco Madero en un principio y Venustiano Carranza últimamente; si bien aquí los obreros han salido ya de su error y comprenden ahora perfectamente que fueron víctimas de la perfidia carrancIsta”. “…  La revolución netamente popular y agraria ha ganado considerable terreno, y hoy domina no sólo en Morelos, Guerrero, Tlaxcala, México y Puebla, sino también en Hidalgo, Guanajuato, Michoacán, Jalisco, San Luis Potosí, Zacatecas, Durango y Coahuila, y en la parte Sur de la República, además de haberse extendido a Veracruz y Oaxaca, ha penetrado hasta el fondo de los Estados de Tabasco y Chiapas quizás los más oprimidos del país. Le adjunto una credencial para sus trabajos cerca de las organizaciones obreras, así como varios ejemplares de “El Sur” y otros documentos de propaganda. Saludo a usted y le deseo todo bien su amigo y alto S. S., EMILIANO ZAPATA

 

Ignacio Rodríguez Galván

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Como parte de la celebración del bicentenario del primer poeta romántico de México, Ignacio Rodríguez Galván, se realizará la sexta emisión del Festival Internacional de Poesía que lleva su nombre. Cofundador de la Academia de Letrán en la primera mitad del siglo XIX y autor de la obra cumbre del romanticismo “La profecía de Guatimoc”. El Festival Internacional de Poesía reúne poetas de 15 países, provenientes de Egipto, Palestina, España, Colombia, Panamá, Venezuela, Puerto Rico, Argentina, Chile, Brasil, Estados Unidos, Nigeria, Perú, Cuba y México. Se realizará del 16 al 22 de marzo en Tizayuca, Hidalgo, además de algunas actividades en Pachuca y otros municipios del Estado.

 Ignacio Rodríguez Galván nació en Tizayuca, Hidalgo (México) el 12 de marzo de 1816. Fue un importante escritor de esta tierra que cultivó la narrativa, la poesía y el género periodístico. Su estilo literario lo ubica cerca del movimiento romántico.

Desde muy joven, pese a haber nacido en una familia de raíces humildes, se sintió atraído por las letras; tal es así que comenzó a estudiar italiano, francés y latín de forma autodidacta. En este mismo período entabló relación con Fernando Calderón y Guillermo Prieto, quienes muy pronto se convirtieron en sus mejores amigos.

Posteriormente comenzó a trabajar de periodista en el diario “Año nuevo” y “Diario del Gobierno” y publicó sus primeras narraciones, las cuales se consideran las primeras novelas cortas mexicanas, y muchas obras de teatro ambientadas en el período de la conquista española.

Los ejemplares que de ellas se conservan son escasos; sólo pueden hallarse en ciertas bibliotecas y en manos de algunos bibliófilos, lo que ciertamente no permitía que se divulgara a uno de nuestros más grandes románticos. Por eso para especialistas y amantes de la literatura mexicana fue seguramente una grata sorpresa la publicación de los dos volúmenes que editó la UNAM en la hermosa colección “Ida y regreso al siglo XIX”, con prólogo y apéndices de Fernando Tola de Habich. La compilación de Tola ofrece a los estudiosos de la obra de Rodríguez un valioso material, ya que además de la edición facsimilar de las Composiciones líricas y dramáticas originales impresas por Manuel N. de la Vega en 1851 (Vol. 1), están integrados otros textos del autor (Vol. 2). Una aportación interesante en esta parte del prólogo, es la reproducción del acta de nacimiento de Rodríguez, gracias a la cual nos enteramos que no se llamó Patricio Ignacio como hasta ahora se ha creído; sino José Patricio, y que nació el 22 de marzo de 1816, fecha en la que no todos los biógrafos estaban de acuerdo. (Publicaciones de la UNAM)

Ignacio Rodríguez Galván murió de fiebre amarilla en La Habana, Cuba, el 25 de julio de 1842 cuando se dirigía a Sudamérica como oficial de la legación mexicana; tenía apenas 26 años,

De Luis Rublúo en el libro “Historiografía Hidalguense”, publicado por el Centro Hidaguense de Investigaciones Históricas en su número extraordinario de “Teotlalpan”, en agosto de 1975 leemos además, en “Rodríguez Galván, un romántico universal” páginas 218/230, los siguientes párrafos

“…Rodríguez Galván al quedar en la orfandad tan pequeño, vivió al lado del célebre librero y editor Don Mariano Galván Rivera, impresor de los calendarios que llevan su nombre, en su librería fue dependiente y ahí trató a escritores y a libros hasta lograr una cultura sólida. Tradujo con acierto a determinados autores extranjeros, logró además del conocimiento y dominio del italiano, francés y latín

El profundo sentimiento que parece tener raíces en cada aspecto de la vida del poeta, fue el alimento de cuanto dio su espíritu a la palabra escrita; así en el verso como en la prosa; así en la producción dramática como lírica y en sus narraciones, pequeñas novelas tan poco conocidas y rescatadas por Don Victoriano Agüeros en su Biblioteca de Autores Mexicanos. Y es un asunto de tomar muy en cuenta”.

Aquí uno de sus poemas que fuera tan popular en México “…en uno de esos momentos en que su alma estaba llena de los elementos que convienen a la elegía patriótica”:

Al baile del señor presidente.

 

Bailad mientras que llora

el pueblo dolorido,

bailad hasta la aurora

al compás del gemido

que a vuestra puerta el huérfano

hambriento lanzará.

¡Bailad! ¡Bailad!

 

Desnudez, ignorancia

a nuestra prole afrenta,

orgullo y arrogancia

con altivez ostenta,

y embrutece su espíritu

torpe inmoralidad.

¡Bailad! ¡Bailad!

 

Las escuelas inunda

turba ignorante y fútil,

que a su grandeza funda

en vedarnos lo útil,

y nos conduce hipócrita

por la senda del mal.

¡Bailad! ¡Bailad!

 

Soldados sin decoro

y sin saber nos celan,

adonde dan más oro

allá rápidos vuelan:

en la batalla tórtolas,

buitres en la ciudad.

¡Bailad! ¡Bailad!

 

Ya por Tejas avanza

el invasor astuto:

su grito de venganza

anuncia triste luto

a la infeliz república

que al abismo arrastráis.

¡Bailad! ¡Bailad!

El bárbaro ya en masa

por nuestros campos entra,

a fuego y sangre arrasa

cuanto a su paso encuentra,

deshonra nuestras vírgenes,

nos asesina audaz.

¡Bailad! ¡Bailad!

 

Europa se aprovecha

de nuestra inculta vida,

cual tigre nos acecha

con la garra tendida,

y nuestra ruina próxima

ya celebrando está.

¡Bailad! ¡Bailad!

 

Bailad, oh, campeones,

hasta la luz vecina,

al son de los cañones

de Tolemaida y China,

y de Argel a la pérdida

veinte copas vaciad.

¡Bailad! ¡Bailad!

 

Vuestro cantor en tanto

de miedo henchido el pecho

se vuelve en negro manto

en lágrimas deshecho

y prepara de México

el himno funeral.

¡Bailad! ¡Bailad!

 

 

Una lección de política

Luis Spota

Una lección de política de quienes “la tocaba por nota”

En una novela de Luis Spota.

 “… Con la socarronería que conceden la experiencia, el haber gobernado y el haber vivido mucho, el suegro Vértiz, lo recordaba ahora Víctor, dijo: “Esos señores que hoy tu lees, tocan la política de oídas; los viejos que en ella se han formado, la tocaban por nota …”

“Palabras Mayores” de Luis Spota, Editorial Grijalvo, 1975. Textos de páginas 193-201:

“… La Presidencia de la República no es un premio, una herencia, una recompensa a la buena conducta, política o personal, de un individuo… Gobernar un país, gobernarlo con sensibilidad y vigor, apasionada aunque prudentemente, es tarea de hombres en quienes concurra la vocación de servicio, la experiencia política y el dominio de las técnicas administrativas;.. . No podré decir quien será mi sucesor, porque no lo sé pero si puedo decir cómo debe ser, opinión rigurosamente personal, el candidato que el Partido seleccione: Joven, pero maduro… Flexible y firme.,.. Conocedor de los problemas que aun aquejan al país… Dueño de muy despejada inteligencia, Patriota… Mucho se beneficiaría nuestra Patria si su próximo primer mandatario fuera alguien con la sagacidad del político y la sabiduría del técnico, o si lo prefieren: con la sagacidad del técnico y la sabiduría del político. . .” —y sonrió beatíficamente.

­-“Entre los mencionados en La Lista hay alguno, Señor, que se parezca al retrato hablado del candidato que nos está usted haciendo. …

-“Hay varios, hay varios…”

Repuso Gómez-Anda. Se cubrió el pecho con el sombrero, y sin sonreír ya, se despidió de las cámaras. Entraron en Palacio, luego de haber cumplido con el requisito de la identificación ante la guardia militar y los agentes de seguridad de la Presidencia. Al bajar del auto en el Patio de Honor, y antes de meterse en la góndola del viejo ascensor cuyos herrajes seguían siendo pintados de negro y plata, como a principios de siglo cuando lo instaló el déspota Marcelo Iturribarla, de su Gabinete que le acompañaba, el Ministro Ávila Puig que hizo un último apresurado comentario:

-¿Según ustedes, a cuántos de La Lista les cuadra esa descripción?

-¿Yo diría mejor a cuántos no Ies va bien el esbozo oral que, para confundir todavía, más a todos, ha hecho don Aurelio? —respondió Allende…”.

En otro apartado ya en Palacio: “… En cuanto a mi muy distinguido colaborador y amigo, don Hermenegildo Labrador, voy a descubrir algo que el sabrá perdonarme.

El Señor Labrador, que tan devotamente sirve al país desde el Ministerio de Finanzas, tiene muy quebrantada la salud y de sus médicos, y también de quienes deveras lo queremos, ha recibido el mejor consejo que en estas condiciones puede dársele: descansar, aminorar el ritmo de su actividad, no echarse a las espaldas responsabilidades tan agotadoras como las que se derivan, para un funcionario tan celoso del cumplimiento del deber, como es del ejercicio de la Presidencia. .”

-“Quiere eso decir, señor Presidente, que Labrador dejará el Ministerio…

-“Quiero decir que el señor Labrador continuará al frente de Finanzas, pero que, por razones de salud, ha resuelto no intervenir en el proceso electoral que tenemos a la vista. Es así, señor Ministro. . .?

-“Así es, señor Presidente. .” lo secundó, con tristeza don Hermenegildo…”.

“… Don Aurelio Gómez-Anda dejó que un nuevo silencio lo separara, más aún, de quienes lo escuchaban. ¿Estaría divirtiéndolo ver cuanta zozobra hayan producido sus últimas frases en por lo menos la mitad de los presentes?:

-He invitado a conversar conmigo a los, afectados por esta situación; los señores del gas, la leche y el pan… Estoy seguro de que mañana mismo, a temprana hora, podremos anunciar, que se reanuda, al ritmo normal, el abastecimiento de lo que ahora escasea. —Buscó a Victor. En el estacionó su mirada—. No será necesario, doctor Ávila,, que vaya usted a Los Arcos. Estará usted muy ocupado, y me gusta que así ocurra, en otros asuntos…

-Si, señor…

-El único que convirtió su rostro en un espejo de alegría al oírle decir que quien contaba con cinco millones de votos contaba también con la victoria, fue Avellaneda:

-Como es fácil advertirlo, señor —le mostró el paquete de papelitos color huevo, grueso como la secci6n comercial de la guía telefónica, que había sacado de su cartera —me están presionando; están presionando a Nuestro Partido para que haga El Pronunciamiento… No he querido siquiera agradecer esos mensajes de simpatía y apoyo, hasta conocer su parecer y oír que debo hacer con estos cinco millones de votos…”

EI rostro de don Aurelio Gómez-Anda adquirió su famosa y temible severidad. Parecía hallarse preocupado. Empezó a jalarse el labio inferior. Pensaba. O aparentaba pensar? Al cabo, se aclaró la garganta. Elevó su dedo admonitorio. Dijo -y nadie quedó sin escucharlo-:

-“Yo le recomendaría, ingeniero Avellaneda, que cediera usted esos cinco millones de votos al candidato que en su oportunidad seleccione el Partido del que somos disciplinados militantes… Estoy seguro que ese candidato le agradecerá a usted, muy cumplidamente, tal colaboración. No le parece así don Alfonso…”?

El desconsuelo trastornó instantáneamente la expresión un momento antes gozosa del Ministro Jorge Avellaneda Jáuregui, que acababa de perder allí, a la vista de todos, la oportunidad, largamente buscada, de convertirse en el candidato presidencial del Partido en el Poder.

Con ei gesto otra vez casi risueño; el Presidente se despidió:

—Buenas noches… Y, amigos míos: todos a trabajar por el bien del país ei tiempo que nos resta en el Gobierno… —Sí, señor Presidente.

—Así lo haremos, señor.

—Que descanse…

De pronto, como si recordara algo, Gómez-Anda se volvió: —Alfonzo querido, viene usted conmigo…?

El Jefe Alfonso, como también era llamado por los políticos el alcaide en la metrópoli, se reunió con el Presidente. Antes que el edecán cerrara la puerta, los que más cerca de ella se encontraban, vieron con qué afecto don Aurelio tomaba por el brazo al señor Videgaray y se ponían a caminar…”