En el CXLV Aniversario Luctuoso de Don Benito Juárez

Ralph Roeder Libro

“…a los mexicanos de ayer que hicieron posible el México de hoy”

en el CXLV Aniversario Luctuoso de Don Benito Juárez…

Lo leído y visto hoy en los medios de la presencia de México en los ámbitos internacionales; los ejemplos de la historia y sus semejanzas con estos hechos y que este 18 de julio se cumple el CXLV Aniversario Luctuoso de Don Benito Juárez fueron las razones que atrajeron al “Fusil” para releer a “Juárez y su México” de Ralph Roeder editado en 1972 por el Fondo de Cultura Económica  de México por la Comisión Nacional para la Conmemoración del Centenario del fallecimiento de Don Benito Juárez, con Introducción de Andrés Henestrosa

Esta edición fue preparada y realizada por el fondo de Cultura Económica para Petróleos mexicanos, quien contribuye en esta forma a difundir la obra y las doctrinas del Benemérito de América en el Primer Centenario de su Fallecimiento dedicado a “A México y a los mexicanos de ayer que hicieron posible el México de hoy”  Aquí parte de los textos de las páginas 568 a la 570

“…Cualesquiera que fuesen las limitaciones constitucionales de su cargo, al Presidente nadie le impedía que manifestara iniciativa, inventiva, y autoridad personal, a menos que fueran las limitaciones constitucionales de su carácter, y la propaganda de los recalcitrantes que se empeñaba en pintarlo como un patriota sedentario. A fe de sus allegados, se afirmaba que confiaba implícitamente en sus ministros y participaba sólo pasivamente en las discusiones del gabinete, limitando su intervención a recomendaciones ocasionales, señalando su presencia por su silencio y su silencio por su atención, apenas variada por la peculiaridad que tenía de tabalear los nudillos de una mano con los dedos del otro, martillando penosamente su meditación taciturna. Tanta reserva ante el enigma del porvenir próximo inquietaba a los alarmistas, y por lo tanto la oposición insistió en que el jefe del gabinete fuera un hombre fuerte, capaz de manejar al mandatario y de dirigir la marcha del gobierno! acertadamente en la nueva y exigente fase del destino nacional. El colaborador fuerte y capaz, así impuesto al Presidente, era Manuel Doblado”.

“…Doblado gozaba de un prestigio peculiar. El único prohombre de la Reforma cuya reputación no había sufrido daño con los progresos del movimiento, sus capacidades, que quedaban por corroborar, y que estribaban en las expectativas que su fama despertaba. Solicitado más de una vez para que entrara en el gobierno, se había negado a arriesgar su reputación hasta tener la ocasión de coronarla: los instintos del político y del patriota se equilibraban en su conducta, pero el patriotismo acabó por vencer su prudencia, y en noviembre consintió en sustituir a Zamacona.

Doblado llegaba no con el ánimo de suplantar al Presidente, sino con un propósito mucho más peligroso -el de salvarlo-. Dispuesto a apoyar al jefe del gobierno, sólo por cortesía convino en subordinarse a él; y al aceptar el puesto de jefe del gabinete puso como condiciones previas las manos libres en la designación de sus colegas y en la determinación de la política a seguir. La primera condición suscitó poca discusión, y la segunda quedó en reserva”.

“…Doblado sabía hasta dónde podía llegar y no se atrevió a rebasar los límites permisibles. Al llegar a las grandes cuestiones, el ministro tuvo siempre cuidado de consultar de antemano al Presidente, y las grandes cuestiones no permitían discrepancia alguna de criterio”.

“…Porque las condiciones que dictaban la determinación de la política no dejaban margen al manejo personal. Dos años antes, cuando Ocampo llevaba a cabo la defensa diplomática de Veracruz contra el primer ensayo de intervención europea, su amigo Andrés Oseguera le hizo una observación pertinente. “La conducta de ustedes responde a su pregunta respecto a que los gobiernos de México, cediendo a la fuerza extranjera, no se han sentido hombres de bien. En efecto, la honradez política es de tales quilates que inspira el genio gubernativo a quien carece de todos los conocimientos que son necesarios para formar un completo hombre de Estado.” A mayor abundamiento, la observación era aplicable a la intervención inminente en 1861. Las dimensiones de la crisis superaban a la destreza diplomática. Combinaciones y maniobras, los recursos propios del político profesional, eran inservibles, siendo fuera de escala y desproporcionados a la magnitud del apremio; y el Presidente, por su parte, afrontó la situación con franqueza y dio un ejemplo de honradez política que le acreditaba como hombre de Estado, reconociendo la debilidad del país y la necesidad de acomodamientos y concesiones, y adaptando su política a las realidades indisimulables…”.

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