Las mil y una formas de mentir.

ORATORIA

 

De las mil formas de mentir nos limitamos a mencionar solo aquellas que se identifican por su uso frecuente y actual y que hasta son del dominio público, pero que mejor fuente para saber más sobre este tema que el libro donde las muchas formas de mentir nos son presentadas con profesionalismo y cuidada investigación “El País de las Mentiras” de Sara Sefchovich.de Editorial Océano exprés. 3ª impresión. México, 2014. Capítulo II, cita:

“La mentira abierta.

“¿De cuántas maneras distintas se puede mentir? Por sorprendente que resulte, de muchas, muchísimas. En México se han usado todas las que existen y otras que no se han inventado siquiera, y hasta unas más que no parecerían posibles pero lo son: prometer y no cumplir, decir verdades a medias, tergiversar o de plano ocultar los hechos, alardear y pretender lo contrario, son algunas de ellas. Y ¿quién lo iba a imaginar? También inventar resultados, atentar, manipular procesos, números y cifras y hasta imágenes”.

“Decir verdades a medias.

Cuando los funcionarios de un gobierno saliente anuncian orgullosos que se va a dejar en caja miles de millones de pesos, no dicen que eso se debió a que no cumplieron lo que tenían que hacer, a que no llevaron a cabo las obras o las adquisiciones o los pagos para los cuales estaba destinado ese dinero. Entonces cambia la perspectiva, pues no es digno de encomio que ahorren lo que debían gastar en obras para beneficio de la población.

Alardear.

La nuestra es una cultura en la que como afirma el dicho popular “al que no habla Dios no lo oye” y en la que como decía el escritor Luis Spota, “lo importante no es poner un huevo sino saberlo cacarear”. Y vaya que nuestros políticos, funcionarios, empresarios, eclesiásticos y comunicadores lo creen y lo practican.

Enredar.

El problema está en que en el afán por soltar más y más palabras, nuestros poderosos terminan por enredarse, cambiar por completo lo que supuestamente quieren decir y muchas veces no decir nada aunque parezca que dicen mucho.

Esto tiene entre nosotros un nombre: se llama cantinflismo, un vocablo devenido concepto de uso exclusivo de México.

Guardar silencio.

Así como se habla demasiado, así también hay cosas de las que simple y sencillamente no se dice ni pio, como si no existieran, como si no hablando de ellas dejaran de formar parte de la realidad.

No ver ni oír.

Además de permanecer mudas, a las autoridades también les da por la ceguera (…) y les da también por la sordera, pero las autoridades no ven ni oyen con todo y que cualquier ciudadano lo mira y lo escucha.

Tergiversar.

La tergiversación es hecha a propósito para encubrir un engaño, astucias, arbitrariedades y hasta corruptelas. Tan poco a tono, con la dizque modernidad con la que nos quieren hacer creer que funciona.

Apelar a un nosotros.

La conversión de intereses particulares en un “nosotros” colectivo, se usa en el discurso público, el “nosotros” como del interés general y de modo tal que engloba y cubre a quien habla y a quien escucha.

 Ponerle nombres nuevos a lo viejo.

Constantemente nuestros poderosos toman viejas ideas pero las pretenden hacer aparecer como nuevas. Así sucede cuando se habla de una “nueva cultura de salud” o de un “nuevo desarrollo”, pero en realidad se está aludiendo a lo mismo de siempre.

Negar.

Aunque parezca increíble, muchas veces se llega al extremo de negar hechos y dichos, de asegurar incluso que nada de lo que se dice que sucedió efectivamente sucedió o que “no dije lo que dicen que dije”.

Apurarse.

Cuando a nuestros gobernantes realmente les interesa alguna cosa, hacen todo para conseguirla (…) Cuando hay interés en algo, nuestras autoridades son tan capaces de ir tan rápido que uno hasta sospecha.

Pero lo contrario también es cierto, dependiendo lo que convenga. Y es que muchas veces nuestras autoridades no tienen prisa por cumplir lo que les toca hacer.

Diluir la responsabilidad.

Una forma de defenderse cuando hay problemas, es buscando a quien responsabilizar. Y es que sin duda es más fácil echarle la culpa a otro.

Echar la culpa a otros.

Contar con un blanco de ataque contra el que todos se puedan lanzar resulta cómodo y útil, y suficientemente distractor, y convenientemente aglutinador.

Hay ocasiones en que las acusaciones recaen en unas misteriosas “fuerzas oscuras” con “aviesas intenciones” y “macabros intereses” (…) propaganda “partidista mal intencionada”, “agoreros de infortunios”.

El Cinismo.

Y ya entrados en mentiras, lo de menos es seguirse. Y hacerlas cada vez más grandes y hasta más inverosímiles, total que más da.

Manipular imágenes.

Una manera de mentir aunque parezca difícil de creer, es con las imágenes. Se supone que una fotografía una película recogen con exactitud la realidad, pero no es así. (…) Y es que las imágenes también se editan, arreglan y contextualizan a conveniencia, como las palabras.

Y más de lo mismo.

Los ejemplos podrían seguir y seguir: Ahí está la imparable corrupción que florece por debajo de los letreros que piden denunciarla, ahí están año con año los discursos…”

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