Aniversario de la excomunión y muerte de Miguel Hidalgo, el 30 de julio de 1811.

Hidalgo

La historia debemos releerla más allá e los libros de texto y aquí reproducimos parte de las Proclamas del Cura Miguel Hidalgo y Costilla a la nación americana en 1810, recordando al Padre de la Patria en un Aniversario más de su excomunión y muerte el 30 de julio de 1811.

Proclamas del Cura Miguel Hidalgo y Costilla a la nación americana. En el libro sobre el cura de Dolores, escrito por el historiador Carlos Herrejón, miembro de El Colegio de Michoacán; es uno de los mayores conocedores de la Independencia de México, su libro nos permite entender mejor a uno de los personajes más interesantes (y complejos) de nuestra historia, aquí un documento del padre Hidalgo: como una de las primeras proclamas que lanzó el ejército independentista, semanas después de haber salido del pueblo de Dolores:

“El día 16 de septiembre de 1810, verificamos los criollos en el pueblo de Dolores y villa de San Miguel el Grande, la memorable y gloriosa acción de dar principio a nuestra santa libertad poniendo presos a los gachupines, quienes para mantener su dominio y que siguiéramos en la ignominiosa esclavitud que hemos sufrido por trescientos años, habían determinado entregar este Reino Cristiano, al hereje Rey de Inglaterra, con [lo] que perdíamos nuestra Santa Fe Católica, perdíamos a nuestro Legítimo Rey Don Fernando Séptimo, y que estábamos en peor y más dura esclavitud”.

“Por tan sagrados motivos, nos resolvimos los criollos a dar principio a nuestra sagrada redención, pero bajo los términos más humanos y equitativos, poniendo el mayor cuidado para que no se derramara una sola gota de sangre, ni que el Dios de los Ejércitos fuera ofendido”.

“Se hizo, pues, la prisión, conforme a los sentimientos de la humanidad que nos habíamos propuesto; sin embargo, de que el vulgo ciego saqueó una tienda, sin poder[se] contener ese hecho tan feo y que estábamos sumamente adoloridos”.

“Se prendieron a todos, menos a los señores sacerdotes gachupines; se pusieron en una casa cómoda y decente todos los presos, y se les está atendiendo en los caminos en donde andan con nuestro Ejército, en cuanto es posible, para su descanso y comodidad”.

“Este ha sido el suceso; y nuestros enemigos quieren pintarlo con negros colores en horror e inequidad, con el fin de atraer a su partido a nuestros propios hermanos criollos, con el detestable pensamiento de que nos destruyamos y matemos criollos con criollos, oprimiéndonos con su dominio y quitándonos nuestra sustancia y libertad”.

“Pero, ¿qué criollo por malo que sea, ha de querer exponer su vida contra sus hermanos, sin esperanza alguna más, de seguir al cautiverio, quizá peor del que hasta aquí hemos tenido?”, Nuestra causa es santísima, y por eso estamos todos prontos a dar nuestras vidas.

¡Viva nuestra Santa Fe Católica!

¡Viva nuestro amado Soberano el Señor Don Fernando Séptimo, y vivan nuestros derechos, que Dios [y] la naturaleza nos han dado!

“Pidamos a su Majestad Divina la victoria de nuestras armas, y cooperemos a la buena causa con nuestras personas, con nuestros arbitrios, y con nuestros influjos, para que el Dios Omnipotente sea alabado en estos dominios, y que ¡viva la Fe Cristiana y muera el mal Gobierno!”.

Otra proclama de Hidalgo, la del 19 de septiembre de indudable autoría americana considerada por Ernesto Lemoine como otra primera del Padre de la Patria, posiblemente emitida en los primeros días de octubre de 1810 y que comienza con: “Amados compatriotas, religiosos, hijos de esta América: El sonoro clarín de la libertad política ha sonado en nuestros oídos […]

La libertad política de que os hablamos, es aquella que consiste en que cada individuo sea el único dueño del trabajo de sus manos y el que deba lograr lo que lícitamente adquiera para asistir a las necesidades temporales de su casa y familia; la misma que hace que sus bienes estén seguros de las rapaces manos de los déspotas, que hasta ahora os han oprimido esquilmándoos hasta la misma substancia con gravámenes, usuras y gabelas continuadas […].

Reflexionad un poco sobre esto y hallaréis el gran bien que se os prepara, si con vuestras manos los unos y con vuestras oraciones los otros, acudís, a ayudarnos a continuar y conseguir la grande empresa, de poner a los gachupines en su madre patria, porque ellos son los que con su codicia, avaricia, y tiranía, se oponen a vuestra felicidad temporal y espiritual […] Unámonos a sostener una causa a nuestro parecer justa y santa…

¡Viva la religión católica! ¡Viva Fernando VII! ¡Viva la Patria! Y ¡Viva y reine por siempre en este Continente Americano nuestra sagrada patrona, la Santísima Virgen de Guadalupe! ¡Muera el mal gobierno! Esto es lo que oiréis decir de nuestra boca y lo que vosotros deberéis repetir”. Miguel Hidalgo

Cualquiera que hayan sido sus autores, si así fuere, o en las diferentes fechas enunciadas, estas proclamas insurgentes contribuyeron a una construcción de lo que representaba la independencia y a la vez a contrarrestar los efectos negativos de la propaganda realista.

La guerra de proclamas en la independencia de México,  (Por Raúl González Lezama Investigador del INEHRM)

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