Para recordar a Francisco Villa

Villa El Universal

Para recordar a Francisco Villa a 94 años de su asesinato.

José Doroteo Arango Arámbula, conocido por su seudónimo Francisco Villa

Nacimiento‎: ‎23 de junio de 1878; San Juan del Rio, Durango.

Fallecimiento‎: ‎20 de julio de 1923; Parral, Chihuahua.

 Del periódico “El Universal”, parte de una serie de artículos de Regino Hernández Llergo, titulados “Una semana con Francisco Villa en Canutillo”, en su primera entrega “Echando la platicada”, fue escrita el 14 de junio de 1922.

“…-¡Vamos al comedor! -prorrumpió el general, rompiendo él la marcha…”.

El general, mientras almorzábamos, siguió “echando la platicada”:

“Debo advertir, que en Parral, entre las condiciones que me impuso para visitar Canutillo, una fue la de que no le hablara nada de política, ni le dirigiera alguna pregunta relacionada con los hombres del Gobierno. Pero como más adelante se vera, de lo que con mayor amplitud me habló el general Villa, fue de política…”

“…Últimamente, las prensas se han ocupado de mí, diciendo que he pensado lanzar mi candidatura para Gobernador del Estado de Durango.

-Sí, se ha dicho algo de eso ratifiqué con despreocupación, como para demostrarle que no tenía gran interés en el asunto…

-Eso se debe -añadió- a que, …me han enviado cartas y comisiones ofreciéndome mi candidatura y pidiéndome autorización para trabajar en mi favor…

Hizo una pausa, y prosiguió: -Pero yo les he dicho que se esperen… que no muevan ese asunto por ahora. Les he manifestado que en los arreglos que hice cuando me arreglé con el Gobierno, había dado mi palabra de que yo no me metería en asuntos de política durante el periodo del general Obregón… y estoy dispuesto a cumplir con mi palabra. Fue mi palabra de honor la que yo di, y para mí el honor es algo muy sagrado. A todos mis amigos les he dicho lo mismo: que esperen, que cuando menos lo piensen llegará la oportunidad… ¡entonces será otra cosa!”.

“Confieso que con declaración de tal magnitud, el bocado se me quedó en la garganta, y fue preciso que apresuradamente tomara un trago de leche para ayudar el descenso de la “bola” que me ahogaba. Fernando (el fotógrafo) me miró con el rabo del ojo, como diciéndome: -¡qué tal, eh! ¡Esa es una declaración sensacional!

El general Villa, como la cosa más natural del mundo, añadió, entre sorbo y sorbo de su gran taza de café con leche: -“En esta época hay muchos políticos ambiciosos, que ningún bien hacen a mi raza; Pasan el tiempo discutiendo tonterías y robándose el dinero que le pertenece al pueblo (…). Yo, a esos políticos de petate, los tomaría de mi cuenta, los embarcaría en un tren especial, y los haría recorrer la República para que en cada parte, convocara al pueblo para enseñárselos, diciéndoles: -¡Pueblo, éstos no te hacen ningún bien, sólo hablan y te roban tu dinero”

Pero cómase sus frijolitos -me insinuó en otro tono, viendo que había abandonado el almuerzo, para escucharlo con mayor atención -¿no le gustan?

-Sí, general, ¡cómo no! -y sin más trámite le entré largo y tendido al enorme plato de bayos que el mozo me había puesto enfrente. ¡Me hubiera comido hasta cien platos de frijoles, con tal de que él siguiera, por ese camino, “echando la platicada”!

“Mis deseos se cumplieron instantáneamente, porque él continuó:

-Pues eso de mi candidatura para Gobernador de Durango, no tiene mucha importancia para mí en estos momentos; pero eso le demostrará a usted el gran partido que tengo… ¡tengo mucho pueblo señor!… ¡Mi raza me quiere mucho señor!… yo tengo mis amigos en todas las capas sociales, ricos, pobres, cultos, ignorantes… ¡Uh, señor, si yo creo que nadie tiene ahora el partido que tiene Francisco Villa!… Por eso me temen -añadió con naturalidad- por eso me temen los políticos… me tienen miedo, porque saben que el día que yo me lance a la lucha, ¡uh, señor!… los aplastaría -Pero no quiero. He dado mi palabra de honor, y Francisco Villa respeta su palabra!”.

“Terminado el almuerzo, el general fue el primero en levantarse. Me tomó del brazo y sonriéndole al compañero fotógrafo, nos invitó a que siguiéramos recorriendo la hacienda…”  y… Un año y un mes después, fue asesinado.

 

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