En el día mundial de la Libertad de Prensa

Libertad de prensa

 

En el día mundial de la Libertad de Prensa, una mirada a nuestra historia.

A iniciativa de la UNESCO, la Asamblea General de la ONU acordó celebrar en 1993 el Día Mundial de la Libertad de Prensa. Se escogió el 3 de mayo para recordar la aprobación de 1991 de la Declaración de Windhoek para la Promoción de una Prensa Independiente y Plural por la cual la UNESCO reconocía que una prensa independiente, plural y libre es un componente esencial de cualquier sociedad democrática.

Por estos días de mayo, pero del año de 1883, “…antes de retornarle el poder al general Porfirio Díaz, el Presidente Manuel M. González, por consejo de aquél, promovió el 15 de mayo de 1883, una reforma al Artículo 79 Constitucional, que en la Carta de 1857 consagraba la libertad de prensa, pues su párrafo final establecía que los delitos de imprenta serían calificados y juzgados por un jurado popular. La modificación del Presidente González desaparecía a este jurado y daba la competencia en estos casos a los Tribunales de la Federación, los de la legislación penal, lo cual equivalía a dejar la libertad de prensa al arbitrio del gobierno.

Para perfeccionar esta mordaza puesta a los periódicos de la oposición, el licenciado Juan Pérez de León, Juez de Distrito, con vergonzoso servilismo, discurrió aplicar a los delitos de imprenta una supuesta teoría psicológica. “Teoría inquisitorial, dice López Portillo, conocida con el nombre de psicología, en virtud de la cual el redactor de cualquier periódico, podía ser acusado y encarcelado por razones ocultas que para ello tuviera el juez, aun cuando no apareciese demostrado su delito por pruebas externas. Bajo este régimen, las puertas de la cárcel estuvieron siempre abiertas para los periodistas, y el menor desliz, el ataque más insignificante a cualquier funcionario o a sus disposiciones, daban lugar a la detención del inculpado.”

En la obra De la dictadura a la anarquía, se aclara más aún: “Esta teoría (la de la psicología) que estuvo en vigor durante toda la administración del general Díaz, hacía imposible la censura de los actos del gobierno, porque siendo los jueces nombrados directamente por el ejecutivo, fácil le era encontrar quien declarara subversivo o injurioso para el gobierno o para la nación, cualquier escrito (caricatura o corrido) ; y como al mismo tiempo se aplicaba la teoría de la solidaridaridad penal, se enviaba a la cárcel al autor, al editor, a los impresores, y hasta los que repartían el periódico”. (La caricatura como arma política de Salvador Pruneda 1958 pg. 112)

Y de los perseguidos por “razones ocultas”, entrada y final del corrido:  “Despierten ya mexicanos”, de Autor anónimo.
“Despierten ya mexicanos los que no han podido ver,
que andan derramando sangre por subir a otro al poder.

¡Pobre nación mexicana! qué mala ha sido tu suerte;
tus hijos todavía quieren más en la desgracia verte.

(…)

Yo no he visto candidato que no sea convenenciero;
cuando suben al poder no conocen compañero.

Ya con ésta me despido porque nosotros nos vamos;
que termina ya el corrido: Despierten ya mexicanos”.

 

 

 

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