Ignacio Rodríguez Galván

Ignacio Rodriguez Galvan_foto

Como parte de la celebración del bicentenario del primer poeta romántico de México, Ignacio Rodríguez Galván, se realizará la sexta emisión del Festival Internacional de Poesía que lleva su nombre. Cofundador de la Academia de Letrán en la primera mitad del siglo XIX y autor de la obra cumbre del romanticismo “La profecía de Guatimoc”. El Festival Internacional de Poesía reúne poetas de 15 países, provenientes de Egipto, Palestina, España, Colombia, Panamá, Venezuela, Puerto Rico, Argentina, Chile, Brasil, Estados Unidos, Nigeria, Perú, Cuba y México. Se realizará del 16 al 22 de marzo en Tizayuca, Hidalgo, además de algunas actividades en Pachuca y otros municipios del Estado.

 Ignacio Rodríguez Galván nació en Tizayuca, Hidalgo (México) el 12 de marzo de 1816. Fue un importante escritor de esta tierra que cultivó la narrativa, la poesía y el género periodístico. Su estilo literario lo ubica cerca del movimiento romántico.

Desde muy joven, pese a haber nacido en una familia de raíces humildes, se sintió atraído por las letras; tal es así que comenzó a estudiar italiano, francés y latín de forma autodidacta. En este mismo período entabló relación con Fernando Calderón y Guillermo Prieto, quienes muy pronto se convirtieron en sus mejores amigos.

Posteriormente comenzó a trabajar de periodista en el diario “Año nuevo” y “Diario del Gobierno” y publicó sus primeras narraciones, las cuales se consideran las primeras novelas cortas mexicanas, y muchas obras de teatro ambientadas en el período de la conquista española.

Los ejemplares que de ellas se conservan son escasos; sólo pueden hallarse en ciertas bibliotecas y en manos de algunos bibliófilos, lo que ciertamente no permitía que se divulgara a uno de nuestros más grandes románticos. Por eso para especialistas y amantes de la literatura mexicana fue seguramente una grata sorpresa la publicación de los dos volúmenes que editó la UNAM en la hermosa colección “Ida y regreso al siglo XIX”, con prólogo y apéndices de Fernando Tola de Habich. La compilación de Tola ofrece a los estudiosos de la obra de Rodríguez un valioso material, ya que además de la edición facsimilar de las Composiciones líricas y dramáticas originales impresas por Manuel N. de la Vega en 1851 (Vol. 1), están integrados otros textos del autor (Vol. 2). Una aportación interesante en esta parte del prólogo, es la reproducción del acta de nacimiento de Rodríguez, gracias a la cual nos enteramos que no se llamó Patricio Ignacio como hasta ahora se ha creído; sino José Patricio, y que nació el 22 de marzo de 1816, fecha en la que no todos los biógrafos estaban de acuerdo. (Publicaciones de la UNAM)

Ignacio Rodríguez Galván murió de fiebre amarilla en La Habana, Cuba, el 25 de julio de 1842 cuando se dirigía a Sudamérica como oficial de la legación mexicana; tenía apenas 26 años,

De Luis Rublúo en el libro “Historiografía Hidalguense”, publicado por el Centro Hidaguense de Investigaciones Históricas en su número extraordinario de “Teotlalpan”, en agosto de 1975 leemos además, en “Rodríguez Galván, un romántico universal” páginas 218/230, los siguientes párrafos

“…Rodríguez Galván al quedar en la orfandad tan pequeño, vivió al lado del célebre librero y editor Don Mariano Galván Rivera, impresor de los calendarios que llevan su nombre, en su librería fue dependiente y ahí trató a escritores y a libros hasta lograr una cultura sólida. Tradujo con acierto a determinados autores extranjeros, logró además del conocimiento y dominio del italiano, francés y latín

El profundo sentimiento que parece tener raíces en cada aspecto de la vida del poeta, fue el alimento de cuanto dio su espíritu a la palabra escrita; así en el verso como en la prosa; así en la producción dramática como lírica y en sus narraciones, pequeñas novelas tan poco conocidas y rescatadas por Don Victoriano Agüeros en su Biblioteca de Autores Mexicanos. Y es un asunto de tomar muy en cuenta”.

Aquí uno de sus poemas que fuera tan popular en México “…en uno de esos momentos en que su alma estaba llena de los elementos que convienen a la elegía patriótica”:

Al baile del señor presidente.

 

Bailad mientras que llora

el pueblo dolorido,

bailad hasta la aurora

al compás del gemido

que a vuestra puerta el huérfano

hambriento lanzará.

¡Bailad! ¡Bailad!

 

Desnudez, ignorancia

a nuestra prole afrenta,

orgullo y arrogancia

con altivez ostenta,

y embrutece su espíritu

torpe inmoralidad.

¡Bailad! ¡Bailad!

 

Las escuelas inunda

turba ignorante y fútil,

que a su grandeza funda

en vedarnos lo útil,

y nos conduce hipócrita

por la senda del mal.

¡Bailad! ¡Bailad!

 

Soldados sin decoro

y sin saber nos celan,

adonde dan más oro

allá rápidos vuelan:

en la batalla tórtolas,

buitres en la ciudad.

¡Bailad! ¡Bailad!

 

Ya por Tejas avanza

el invasor astuto:

su grito de venganza

anuncia triste luto

a la infeliz república

que al abismo arrastráis.

¡Bailad! ¡Bailad!

El bárbaro ya en masa

por nuestros campos entra,

a fuego y sangre arrasa

cuanto a su paso encuentra,

deshonra nuestras vírgenes,

nos asesina audaz.

¡Bailad! ¡Bailad!

 

Europa se aprovecha

de nuestra inculta vida,

cual tigre nos acecha

con la garra tendida,

y nuestra ruina próxima

ya celebrando está.

¡Bailad! ¡Bailad!

 

Bailad, oh, campeones,

hasta la luz vecina,

al son de los cañones

de Tolemaida y China,

y de Argel a la pérdida

veinte copas vaciad.

¡Bailad! ¡Bailad!

 

Vuestro cantor en tanto

de miedo henchido el pecho

se vuelve en negro manto

en lágrimas deshecho

y prepara de México

el himno funeral.

¡Bailad! ¡Bailad!

 

 

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