Para recordar a Guillermo Prieto

Guillermo Prieto

Marzo 14 de 1858.-Aprehendido el presidente Benito Juárez y los miembros de su gabinete el día anterior en Guadalajara por el amotinado coronel Landa, que alentado por la derrota que sufrieron los juaristas en Salamanca, decide apoyar al gobierno de Zuloaga, los mantiene prisioneros en el palacio de gobierno (…) en ese momento era el capitán del 5º Batallón y estaba a cargo de la custodia del presidente preso, se sintió traicionado por el ataque liberal y sin órdenes hizo tomar las armas a los soldados de la guardia bajo su mando, los formó frente a Juárez, que de pie apoyaba la mano en el picaporte de la puerta que conducía a otra pieza y dio la voz ¡al hombro! ¡presenten! ¡preparen! ¡apunten!, en aquel momento se presentó Guillermo Prieto que ante las bocas de los fusiles y cubriendo con su cuerpo al del Presidente, dirigió a los soldados unas sentidas palabras que se impusieron a la orden de ¡fuego!: “¡Alto, los valientes no asesinan!… sois unos valientes, los valientes no asesinan, sois mexicanos, éste es el representante de la ley y de la patria”. Entonces, los soldados sin aguardar otra orden, ante la impactante oratoria de Prieto, paulatinamente echaron sus armas al hombro y se quedaron impasibles.

“Guillermo Prieto, nació en la capital de México el 10 de febrero de 1818 y murió el 2 de marzo de 1897 en la misma ciudad que tanto amó y la cual le inspiró sus más destacadas obras…”.

“…Prieto fue espectador y actor al mismo tiempo de la agitada época mexicana que incluye guerras civiles, invasiones extranjeras la norteamericana y la francesa- la Revolución de Reforma y de parte del paréntesis de paz, preludio de la Revolución mayor, la de 1910 que significó el gobierno de Porfirio Díaz”.

De la Introducción de Yolanda Villenava, para el tomo número 18 de la Biblioteca Enciclopédica Popular ediciones SEP, 1944 bajo el titulo de Guillermo Prieto, (Fidel) Memorias de mis Tiempos (de 1840 a 1853):

“… En toda esta epopeya, Prieto tomó parte esencialísima con trabajos y sacrificios, y utilizó sus cualidades como orador y como poeta. Más de una vez la elocuencia de su palabra llevó voluntarios á.los cuarteles, al par que arrancaba de las garras de sus asesinos al Benemérito de América, con su palabra, ó corría de uno á otro extremo de la República, llenando oficiales é importantísimas comisiones. En medio de tantas fatigas y peligros, su pluma no descansaba un momento y se consagraba á la propagación de sus ideas. La poesía, sus versos, ora satíricos, ora festivos y ligeros, eran el constante medio de su propaganda popular, aparte de artículos serios y discursos con los cuales conquistaba prosélitos; y como un verdadero apóstol, predicaba la buena nueva de la libertad y del progreso”.

“No era, pues, la guerra a la creencia religiosa la que animaba a los constituyentes y Reformistas, sino el horror a los abusos, la convicción de que era imposible que una sociedad marchara con un poder sobre el poder, y poder que a la par que enervaba las inteligencias con la superstición, aniquilaba a la sociedad con su influencia bastarda inspirada por la codicia y por los vicios. (…) Las costumbres, las ideas, todo era preciso cambiar y todo lo cambiaron, el trabajo forzado, las faenas, los tribunales especiales, la censura previa, los malos tratamientos, crímenes de lesa dignidad humana, en una palabra, la esclavitud, la explotación inicua del hombre por el hombre, con distintos nombres y disfraces, el encomendero hecho hacendado, la idolatría en cambio de ídolos, ese era nuestro ser, y no estaba sostenido por el clero y por ejército; por algo más, por los ricos, ó como irónicamente se le llama, la aristocracia, compuesta de los niños mimados del privilegio, de la encomienda y de todo género de fraudes, desde el robo de jornal del peón hasta el contrabando, la casa de empeño y la falsificación de pesas y medidas en la tienda.

La separación de la Iglesia y el Estado, la desamortización, la secularización, la abolición de las mazmorras que se titulaban conventos, el Registro civil, la restitución al Estado de lo que al Estado corresponde; todas esas, son conquistas que no se perderán jamás y a cuya sombra México se desarrollará y será grande; y aun otras como el sufragio libre, la libertad de imprenta y otras que, por situaciones especiales hemos visto enturbiarse, no se perderán; las nubecillas se disiparán y lucirá grandioso el progreso, y no morirán nunca. Los principales enemigos fueron vencidos, la masa de la Reforma los aplastó para siempre y ya el pensamiento libre no se dejará encadenar”.

“Esta época de la Reforma no es suficientemente conocida y admirada, todos aquellos hombres que tomaron parte en su triunfo, generación excepcional de admirable temple y energía, competían entre sí por su valor y su constancia, por su desprendimiento y abnegación; nobles y desinteresados, buscaban la realización de un ideal y lo perseguían sin descanso y a toda .costa, sin pensar siquiera un momento en sus intereses personales.

¡Qué época! ¡Qué hombres! ¡Parece que no somos sus hijos! ¡Qué distancia tan grande hay de ellos a nosotros!”, ¿Donde están hoy esos hombres?

 

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2 comentarios en “Para recordar a Guillermo Prieto

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