Una lección de política

Luis Spota

Una lección de política de quienes “la tocaba por nota”

En una novela de Luis Spota.

 “… Con la socarronería que conceden la experiencia, el haber gobernado y el haber vivido mucho, el suegro Vértiz, lo recordaba ahora Víctor, dijo: “Esos señores que hoy tu lees, tocan la política de oídas; los viejos que en ella se han formado, la tocaban por nota …”

“Palabras Mayores” de Luis Spota, Editorial Grijalvo, 1975. Textos de páginas 193-201:

“… La Presidencia de la República no es un premio, una herencia, una recompensa a la buena conducta, política o personal, de un individuo… Gobernar un país, gobernarlo con sensibilidad y vigor, apasionada aunque prudentemente, es tarea de hombres en quienes concurra la vocación de servicio, la experiencia política y el dominio de las técnicas administrativas;.. . No podré decir quien será mi sucesor, porque no lo sé pero si puedo decir cómo debe ser, opinión rigurosamente personal, el candidato que el Partido seleccione: Joven, pero maduro… Flexible y firme.,.. Conocedor de los problemas que aun aquejan al país… Dueño de muy despejada inteligencia, Patriota… Mucho se beneficiaría nuestra Patria si su próximo primer mandatario fuera alguien con la sagacidad del político y la sabiduría del técnico, o si lo prefieren: con la sagacidad del técnico y la sabiduría del político. . .” —y sonrió beatíficamente.

­-“Entre los mencionados en La Lista hay alguno, Señor, que se parezca al retrato hablado del candidato que nos está usted haciendo. …

-“Hay varios, hay varios…”

Repuso Gómez-Anda. Se cubrió el pecho con el sombrero, y sin sonreír ya, se despidió de las cámaras. Entraron en Palacio, luego de haber cumplido con el requisito de la identificación ante la guardia militar y los agentes de seguridad de la Presidencia. Al bajar del auto en el Patio de Honor, y antes de meterse en la góndola del viejo ascensor cuyos herrajes seguían siendo pintados de negro y plata, como a principios de siglo cuando lo instaló el déspota Marcelo Iturribarla, de su Gabinete que le acompañaba, el Ministro Ávila Puig que hizo un último apresurado comentario:

-¿Según ustedes, a cuántos de La Lista les cuadra esa descripción?

-¿Yo diría mejor a cuántos no Ies va bien el esbozo oral que, para confundir todavía, más a todos, ha hecho don Aurelio? —respondió Allende…”.

En otro apartado ya en Palacio: “… En cuanto a mi muy distinguido colaborador y amigo, don Hermenegildo Labrador, voy a descubrir algo que el sabrá perdonarme.

El Señor Labrador, que tan devotamente sirve al país desde el Ministerio de Finanzas, tiene muy quebrantada la salud y de sus médicos, y también de quienes deveras lo queremos, ha recibido el mejor consejo que en estas condiciones puede dársele: descansar, aminorar el ritmo de su actividad, no echarse a las espaldas responsabilidades tan agotadoras como las que se derivan, para un funcionario tan celoso del cumplimiento del deber, como es del ejercicio de la Presidencia. .”

-“Quiere eso decir, señor Presidente, que Labrador dejará el Ministerio…

-“Quiero decir que el señor Labrador continuará al frente de Finanzas, pero que, por razones de salud, ha resuelto no intervenir en el proceso electoral que tenemos a la vista. Es así, señor Ministro. . .?

-“Así es, señor Presidente. .” lo secundó, con tristeza don Hermenegildo…”.

“… Don Aurelio Gómez-Anda dejó que un nuevo silencio lo separara, más aún, de quienes lo escuchaban. ¿Estaría divirtiéndolo ver cuanta zozobra hayan producido sus últimas frases en por lo menos la mitad de los presentes?:

-He invitado a conversar conmigo a los, afectados por esta situación; los señores del gas, la leche y el pan… Estoy seguro de que mañana mismo, a temprana hora, podremos anunciar, que se reanuda, al ritmo normal, el abastecimiento de lo que ahora escasea. —Buscó a Victor. En el estacionó su mirada—. No será necesario, doctor Ávila,, que vaya usted a Los Arcos. Estará usted muy ocupado, y me gusta que así ocurra, en otros asuntos…

-Si, señor…

-El único que convirtió su rostro en un espejo de alegría al oírle decir que quien contaba con cinco millones de votos contaba también con la victoria, fue Avellaneda:

-Como es fácil advertirlo, señor —le mostró el paquete de papelitos color huevo, grueso como la secci6n comercial de la guía telefónica, que había sacado de su cartera —me están presionando; están presionando a Nuestro Partido para que haga El Pronunciamiento… No he querido siquiera agradecer esos mensajes de simpatía y apoyo, hasta conocer su parecer y oír que debo hacer con estos cinco millones de votos…”

EI rostro de don Aurelio Gómez-Anda adquirió su famosa y temible severidad. Parecía hallarse preocupado. Empezó a jalarse el labio inferior. Pensaba. O aparentaba pensar? Al cabo, se aclaró la garganta. Elevó su dedo admonitorio. Dijo -y nadie quedó sin escucharlo-:

-“Yo le recomendaría, ingeniero Avellaneda, que cediera usted esos cinco millones de votos al candidato que en su oportunidad seleccione el Partido del que somos disciplinados militantes… Estoy seguro que ese candidato le agradecerá a usted, muy cumplidamente, tal colaboración. No le parece así don Alfonso…”?

El desconsuelo trastornó instantáneamente la expresión un momento antes gozosa del Ministro Jorge Avellaneda Jáuregui, que acababa de perder allí, a la vista de todos, la oportunidad, largamente buscada, de convertirse en el candidato presidencial del Partido en el Poder.

Con ei gesto otra vez casi risueño; el Presidente se despidió:

—Buenas noches… Y, amigos míos: todos a trabajar por el bien del país ei tiempo que nos resta en el Gobierno… —Sí, señor Presidente.

—Así lo haremos, señor.

—Que descanse…

De pronto, como si recordara algo, Gómez-Anda se volvió: —Alfonzo querido, viene usted conmigo…?

El Jefe Alfonso, como también era llamado por los políticos el alcaide en la metrópoli, se reunió con el Presidente. Antes que el edecán cerrara la puerta, los que más cerca de ella se encontraban, vieron con qué afecto don Aurelio tomaba por el brazo al señor Videgaray y se ponían a caminar…”

 

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