El Año de Hidalgo

Año de Hidalgo

Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mandarte Villaseñor nació el 8 de mayo de 1753 en Guanajuato. Destacó en la primera etapa de la Guerra de Independencia de México, que inició con el recordado Grito de Dolores. Miguel Hidalgo y Costilla dirigió la primera parte del movimiento independentista, pero fue capturado el 21 de marzo de 1811 y llevado prisionero a la ciudad de Chihuahua, donde fue juzgado y fusilado. En 1869, el gobierno decidió erigir el Estado de Hidalgo en su honor.

Durante el mandato del Presidente Adolfo Ruiz Cortínez se llevaron a cabo una serie de eventos con motivo de los doscientos años del Natalicio del Padre de la Patria, donde el Lic. Adolfo López Mateos, Secretario de Trabajo y Previsión Social, tuvo una destacada participación en esta conmemoración del que se llamara “Año de Hidalgo”  Más tarde siendo Presidente de la República desde el 1º de diciembre de 1958 hasta al 30 de noviembre de 1964, se le llamó a su administración la del “Año de Hidalgo”, especialmente al final de su mandato.

Pero conozcamos más sobre el tema que será de actualidad en este año 2016 que comienza, leyendo a Renato Leduc como colaborador de la revista “Tesis Políticas” publicada en los años setentas, por el profesor hidalguense Raúl Vargas Ortiz, quien fuera Presidente del Comité Ejecutivo del PRI de Hidalgo (1964-67), delegado del CEN del PRI en varios estados y escritor de columnas políticas en la entonces cadena periodística García Valseca.

Por Renato Leduc: “El Año de Hidalgo se inventó -de eso sí estamos seguros- en el sexenio del Presidente López Mateos (qepd)… pero se guarda celosamente en secreto el hombre y la identidad del ingenioso inventor de ese eficaz procedimiento de enriquecimiento ilícito de altos -y aun medianos- funcionarios públicos salientes. Designado “Año de Hidalgo” no sólo por la fuerza de la consonante, sino por haberse realizado el susodicho ingenioso invento del nombre en el año de 1953 de este siglo designado conmemorativamente así por la burocracia en turno: “Año de Hidalgo”.

El inventor, secretario, subsecretario, oficial mayor o no se sabe qué burócrata de alta alcurnia, troqueló este dístico lapidario para el 1964: “Este también es Año de Hidalgo -Tizne a su madre-el que deje algo-”…; Hecha la exégesis del lapidario dístico inserto, no es otra cosa que una norma ética de universal observancia para funcionarios públicos de alta y mediana alcurnia que por lo mismo, ,al terminar el sexenio, tendrán que vivir en el error, esto es, fuera del Presupuesto; pues al cambiar el Presidente, Gobernador o Presidente municipal, cambia –pues esa es la tradición- el equipo de sus colaboradores. En esas condiciones, el funcionario saliente ya sin chamba, tendrá que asegurar la subsistencia de él y de los suyos, incluso de sus segundos frentes ó arroces con leche, siquiera para dos generaciones… Y la única manera de hacerlo, es convertir en patrimonio personal el mayor volumen -de preferencia el total- de bienes públicos confiados a su cuidado… sobre todo si son millones de pesos… Los hay que aseguran el futuro de su parentela hasta la quinta o sexta generación (…) lo que permitió al lapidario dístico, además de dictar una norma ética y burocrática de universal observancia, se propuso sentar un precedente para los venideros gobiernos. De allí que sugiera considerar “años de Hidalgo” todos los finales de administraciones del poder publico… y de allí también la dura sanción materna contra los que infrinjan la norma dejando algo al irse…

Es bien sabido que el duro cierzo invernal en .estos meses aumenta la incidencia, -como dicen los médicos-, de los infartos… pero en “los años de Hidalgo” o sean los de fines de sexenio, como éste que va corriendo, esa incidencia se vuelve casi epidémica agravada por las angustias y soponcios que, pasan y padecen las mesnadas de presupuestívoros y busca-chambas que, para efectos meramente estadísticos, pueden dividirse en dos grandes grupos: los que tienen chamba y temen perderla con el cambio de gobierno y los que no tienen chamba y esperan tenerla exactamente por lo mismo, por el cambio de gobierno”.

“…La función crea el órgano – decían los textos fisiológicos de nuestros años escolares-. La función y la necesidad… y la necesidad de (…) conocer o, mejor dicho, adivinar los nombres de los futuros influyentes susceptibles de convertirse en palancas para conservar concesiones u obtener chambas y aviaciones y aun jugosos contratos en el que se anuncia duro sexenio.

Pero… ¿quiénes van a ser los influyentes en el sexenio que se aproxima…?, Ahí está el angustioso secreto y la tremenda tensión nerviosa del presupuestívoro y busca-chambas para dilucidarlo, son las que le provocan el infarto o los padecimientos hepáticos que -oh dolor- en ocasiones resultan mortales a más o menos largo plazo…

Lo anterior ha permitido un nuevo tipo de tecnócrata, el Futurólogo… Los lee usted en los periódicos, los ve en las cantinas, en los cafés, en las reuniones familiares y hasta en las pulquerías barajando nombres y haciendo y deshaciendo gabinetes ante concursos de chambistas ó aspirantes a tales, cuyas expresiones van de la alegría al desaliento según los nombres que el futurólogo pronuncia… Y si las predicciones de éste no servirán a su clientela para conservar o conseguir la chamba, por lo menos éste, el futurólogo, tiene la muy noble tarea de alentar esperanzas e ilusiones”.

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