¡Navidad y Año Nuevo!

Navidad y año nuevo

“Un capítulo dedicado a la Navidad y al Año Nuevo del Libro “Lecturas Populares” de Esperanza Velázquez Bringas, diciembre de 1921

Por los años veintes, con una educación sin recursos, pero con una gran visión formadora, los libros de texto incluían temas de reflexión, y de uno de ellos hoy leemos de la última lección del Libro para las escuelas primarias “Lecturas Populares” de Esperanza Velázquez Bringas. (Diciembre de 1921) un capítulo dedicado a la Navidad y al Año Nuevo:

“Temporada de festejos, de regalos y de veladas íntimas y familiares en la casa patriarcal, arrulladas por la voz augusta de la abuela. Recuerdo aquellos tiempos de mi niñez, cuando las posadas y el Año Nuevo eran para mí, uno de los mayores gozos, cuando estas festividades sólo se traducían en el alboroto proporcionado por las cajas de bombones, por los premios que recibía en la escuela y por las piñatas que habíamos de romper.

Después, la incipiente juventud que principiaba a conocer las delicias de los bailes de “posadas”. Ya no era solamente el interés del juguete ni la piñata lo que me llevaba. Ya había el interés de la vida.

Y a las narraciones de mi abuela y a los juegos con mis amiguitas, prefería la compañía de las personas mayores.

A las estampas de los libros de cuentos, sucedían las novelas francesas que mi ingenuidad de entonces veía como una flor de pecado, y que iba a leer a hurtadillas, tendida en la hamaca, entre los árboles del solar.

Pasaba la Noche Buena llena de alegría y de aguinaldos y llegaba el Año Nuevo, con su cortejo de proyectos, de incertidumbre ¿cómo sería el siguiente año? ¿Qué sorpresas me daría?

Para mí, las doce campanadas eran como un rito solemne. Me embargaba siempre un sentimiento mezcla de júbilo y terror.

Más vino la época en que la vida me entregó todos sus dones. A mis labios abrasados por la sed de emociones, llegó la: copa del placer y del dolor. Cada año que finalizaba, yo repetía la frase: “¿qué me ofrendará el Año Nuevo?”

A las doce de la noche del Año Nuevo, yo acariciaba multitud de esperanzas que muchas veces no se realizaron en el año que empezaba Me trazaba postulados que no desarrollé y lineamientos que no seguí.

Y acaso, porque entonces no supe de los cuatro principios de la Esfinge, ésta permaneció muda para mí y mis ilusiones se derrumbaron a veces, obligándome a ir por otra senda.

Yo no había llegado a la realización de que el concepto de tiempo no influye en el desarrollo de la vida humana, como factor de un destino. Un año más o menos no significa nada para las leyes universales que siguen su curso inexorable.

Todo está en nosotros mismos. Nada debemos esperar de fuera.

¿Por qué, pedirle al año que va a empezar, muchas de aquellas cosas que sólo hemos deseado, cuando ni siquiera hemos puesto quizás los medios para conseguirlas?

El Año Nuevo será como todos los otros y como cada uno lo haga para sí. A pesar de todos nuestros planes, el tiempo seguirá lo mismo.

Ahora que la vida me ha dicho el hondo mensaje que no se encuentra solo en las formas exteriores, espero el Año Nuevo ya sin confiarme al azar. Sé bien que quien busca halla; pero que esta exégesis hay que hacerla dentro de nosotros mismos. La suerte y los principales acontecimientos de la existencia, son producto de nuestras acciones. Y el peregrino que ha oído la voz del Bhagavad, sabe que todo viene del interior al exterior.

 

El Año Nuevo se acerca. Abuela: estamos lejos de la casa familiar de pilares majestuosos, patio enlosado y solar con árboles frutales. Ya no me entretienes con los cuentos de Hadas, Reyes y Princesas; pero la emoción del recuerdo de aquellos días hace más dulce la visión de la infancia. Hoy, que me es difícil creer te agradezco el haber tendido sobre mi imaginación de niña toda la taumaturgia de los fantásticos relatos. En aquel comedor de cristales de colores que hacían mi encanto en las tardes de sol y que en las noches se iluminaban débilmente por la luna, yo escuché narraciones de quienes traían juguetes para los niños buenos; de gnomos que se encargaban de castigar a la gente perversa y de Reyes Magos, que pasado el Año Nuevo, habían de colocar algún maravilloso presente en la ventana de todas las casas donde hubiera un niño Aquellos bellos cuentos despertaron también mis aficiones literarias.

Por eso la pintoresca temporada de Navidad y Año Nuevo, me es amable. La llegada del Año Nuevo no me inquieta ya, y sí me trae una de las mejores memoraciones: la de mi alma infantil, olorosa a sencillez y a provincia”.

 

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