Dos cartas del General Felipe Ángeles

Retablo a Felipe Ángeles

Para un Retablo del General Felipe Ángeles Ramírez

Dos cartas del General Felipe Ángeles Escritas una vez que conoció su sentencia. 26 de noviembre de 1919

El General Felipe Ángeles Nació en el pueblo hidalguense de Zacualtipan el 13 de junio de 1868 siendo hijo del señor Felipe Ángeles y de su esposa la señora Juana Ramírez como se comprueba con el Acta de Nacimiento correspondiente que se cita en los datos biográficos que presentara el Lic. Jesús Ángeles en una publicación de la Universidad Autónoma de Hidalgo.

Ángeles fue aprehendido junto con cuatro de sus seguidores, en una cueva del Cerro de las Moras, Cañón de San Tomé, Valle de los Olivos, en el estado de Chihuahua, el 15 de noviembre de 1919. Sus captores, antiguos villistas convertidos en miembros civiles de las defensas sociales de la entidad, recibieron diez mil pesos de gratificación.

Al ser capturado Ángeles no podía ser ejecutado sumariamente como lo fue su escolta, sin que el gobierno de Carranza recibiera el repudio de la opinión pública nacional e internacional, ya escandalizada por el reciente asesinato de Zapata. Por eso se ordenó su consignación ante un tribunal militar que ordenara su muerte de manera “legal”.

Persuadido de que iba a morir, durante su juicio tuvo, la entereza de confundirlos con sus serenas y elocuentes respuestas,; Ángeles dijo entre todo el largo interrogatorio al que fue sometido con admirable valor civil, a su jurado, estas palabras:

“…Yo considero que una de las más graves dificultades porque atraviesa el país, estriba en que hombres sin ninguna educación, hombres sin cultura, hombres que no son de Estado, ocupan los altos puestos y se atreven a tratar de solucionar los dificilísimos problemas que se han presentado”, agregó: “Yo mismo, que he dedicado toda mi vida al estudio y que aún a los cuarenta años me esforzaba por aprender, no me considero con capacidad suficiente para aspirar al primer puesto de la República, que me achacan mis enemigos…”.

 “…Yo he dicho únicamente que las leyes deben ser la expresión de la voluntad y de la conveniencia de todo un pueblo y que para eso es necesario que los diputados que van a hacer esas leyes vayan instruidos sobre lo que deben hacer; que sean los mismos que los eligen los que les llamen la atención sobre lo que necesitan para el provecho común; que se necesita construir esta presa, ampliar aquellas calles, fomentar tales o cuales espectáculos, etc… Pero ha sucedido que en un pueblo, quienes lo habitan no saben siquiera quién es su diputado…”

 Terminado el juicio Ángeles es sentenciado a muerte y por la noche escribió:

“26 de noviembre de 1919. En el cuartel del 21 Regimiento.-Chihuahua.- Adorada Clarita: Estoy acostado descansando dulcemente. Oigo murmurar la voz piadosa de algunos amigos que me acompañan en mis últimas horas. Mi espíritu se encuentra en sí mismo y pienso con afecto intensísimo, en ti, en Chabela, en Alberto, en Julio y en Felipe. Siempre he hecho lo mismo en todo el tiempo desde que me separé de ustedes. Hago votos fervientes para que conserves tu salud y por la felicidad de Chabela. Tengo la más firme esperanza de que mis tres hijos serán amantísimos para ti y para su patria. Diles que los últimos instantes de mi vida los dedicaré al recuerdo de ustedes, y que les envió un ardentísimo beso para todos ustedes.-Felipe Ángeles”.

Cuando hubo terminado esta carta, el general Ángeles sentado al borde de su cama, se acostó, quedando dormido luego, tranquilamente, habiendo despertado a eso de las cuatro y media de la mañana, en que reanudó la conversación con su defensor Gómez Luna, a quien hizo otros varios encargos, y redactó una carta para su hijo Alberto, que radica en Nueva York; y habiendo preguntado que quién recogería su cuerpo y habiéndosele contestado que la familia Revilla, suplicó que se evitaran gastos a ésta, pues sabía que carecían de elementos.

En una segunda carta dictada a su defensor, para su esposa, dice así:

“Chihuahua, 26 de noviembre de 1919. Adorada Clarita: Hace pocos minutos, estando semidormido, te escribí una carta, que, sin firmar, llevó el señor D. Jesús del Pozo. Te escribo esta otra que te entregará mi bondadoso defensor el señor licenciado Alfonso Gómez Luna, que juntamente con el señor abogado Alberto López Hermosa, se afanó magnánima y desinteresadamente en librarme de la muerte. Recompensémosle con nuestro afecto y gratitud, ya que no podemos hacerlo de otro modo. Tengo inefable recuerdo del cariñoso afecto de muchos amigos que me rodearon en mis últimas horas, hasta hace pocos minutos; así como las muestras de simpatía de las patrióticas sociedades de Parral y de Chihuahua.

Mi cuerpo va a ser recogido por la familia Revilla, que tuvo para mí asiduas atenciones. Desde que me separé de ti en diciembre del año pasado, he pensado en ustedes, siempre que mi espíritu se ha reconcentrado en sí mismo. He tenido hasta ahora ternura y amor infinitos por la humanidad y para todos los seres del Universo; desde este instante mi ternura, mi amor y mi recuerdo serán para ti y para nuestros cuatro hijos. Felipe Ángeles”.

Su muerte: Antes de ir al patíbulo, el general José Gonzalo Escobar, miembro del jurado que lo había condenado, le solicitó le escribiera un pensamiento. Por su parte, Ángeles pidió como gracia a sus verdugos que el pelotón tuviera ya las armas listas y que disparara en cuanto llegara. Otra versión fue que pidió se le concediera ordenar él mismo su fusilamiento. Así se hizo a las seis de la mañana del 26 de noviembre de 1919 en el cuartel del 21° Regimiento de Caballería de Chihuahua, el jefe del pelotón, teniente Ramón Ortiz, pero el mismo general ordenó: ¡Fuego!

“Felipe Ángeles en la Revolución” Biografía (1869-1919) de Federico Cervantes para la Colección de Biografías Conmemorativas del Bicentenario, publicadas en 2010 por el Gobierno del Estado de Hidalgo y citas de Doralicia Carmona en MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO.

 

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Un comentario en “Dos cartas del General Felipe Ángeles

  1. Bonfilio: El documento es muy valioso; pinta de cuerpo entero al general Angeles, su valor como militar y como hombre de familia. Sólo quienes hemos leído su biografía estamos enterados de la existencia de cuatro hijos, pero ignoramos el destino de cada uno. Felicidades.

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