*Un discurso del Senador Doctor Belisario Domínguez

Belisario Dominguez

En el Aniversario de su asesinato, 7 de octubre de 1913.

“… El Presidente del Senado Mauro S. Huerta -tal vez también pariente del propio usurpador Huerta- se enteró del discurso de Belisario Domínguez llevado a la Cámara el 23 de septiembre de 1913, y con el pretexto de que solo contenía acusaciones sin ninguna proposición concreta a la que pudiera dársele trámite reglamentario alguno, lo retiró de la orden del día”.

“Días más tarde y previendo ya el atentado de que fue víctima, el doctor Domínguez confió su segundo discurso a su compañero de Cámara don Salvador Gómez, con la súplica de que si él no podía hacerlo por cualquier circunstancia, le diera lectura…” Sus vehementes palabras del lunes 29 de septiembre, analizando con estrujante realidad la situación política del país, fueron estas:

“… Don Victoriano Huerta cree que él es el único hombre capaz de gobernar a México y de remediar todos sus males: ve ejércitos imaginarios, ve un ejército de noventa y cuatro mil hombres bajo sus órdenes, y fenómeno curioso, que sería risible si no fuera excesivamente alarmante: el pueblo y aun algunos miembros de las Cámaras están desempeñando el papel de Sancho, contagiándose con la locura de Don Quijote, ven en don Victoriano Huerta un guerrero de más empuje que Alejandro el Grande, y ven en los soldaditos de once años de la Escuela Preparatoria, veteranos más aguerridos que los de Julio César o que los de Napoleón,

“… ¿No veis, señores, cuán obscura se presenta actualmente la situación del país y cuán tenebroso parece el porvenir?…”.

“… Ahora bien, si don Victoriano Huerta, desequilibrado, está poniendo en inminente peligro a la patria, ¿no os toca a vosotros que estáis cuerdos, señores senadores, poner un remedio a la situación? Este remedio es el siguiente: Concededme la honra de ir comisionado por esta augusta asamblea a pedir a don Victoriano Huerta que firme su renuncia de Presidente de la República”.

“Creo que el éxito es muy posible: he aquí mi plan:

“Me presentaré a don Victoriano Huerta con la solicitud firmada por todos los senadores aquí presentes, y además con un ejemplar de este discurso y otro del que tuve la honra de presentar al señor Presidente del Senado en la sesión del 23 de septiembre”.

“Al leer esos documentos, lo más probable es que llegado a la mitad de la lectura, don Victoriano Huerta pierda la paciencia, sea acometido de un arrebato de ira y me mate”.

“En ese caso, nuestro triunfo es seguro, porque los papeles quedarán allí y después de haberme matado, no podrá don Victoriano resistir la curiosidad, seguirá leyendo y cuando acabe de leer, horrorizado de su crimen, se matará él también y la patria se salvará”.

“Puede ser que don Victoriano Huerta sea bastante dueño de si mismo, que tenga bastante paciencia para oír la lectura hasta el fin, y que al concluir se ría de mi simpleza de creer que un hombre de su temple pueda ablandarse con mis palabras y entonces me matará o hará de mi lo que más le cuadre. En ese caso la Representación Nacional sabrá a su vez lo que deba hacer”.

“Por último, puede darse este caso, que seria de todos el mejor, que don Victoriano Huerta tenga un momento de lucidez, que comprenda la situación tal como se presenta y que firme su renuncia. Entonces al recibirla le diré: Señor general don Victoriano Huerta, este acto rehabilita a usted de todas sus faltas…”, “Con este hecho, señores senadores, también el pueblo mexicano con su magnanimidad, quedará rehabilitado ante el mundo, ante la historia y ante Dios, de todas sus locuras: y la paz, el orden y la prosperidad volverán a reinar en la patria mexicana”.

“Espero, señores senadores, que no diréis que dejáis de ocuparos hoy mismo de este asunto por no ser el que se está tratando. Si tal cosa me dijerais, yo os respondería, señores senadores, que en estos críticos momentos la salvación de la patria debe ser nuestra idea fija, nuestra constante preocupación, y cuando algún medio parezca aceptable para conseguirla, no debe perderse la ocasión, hay que ponerlo en práctica inmediatamente”.

“Os ruego pues, señores senadores, que os declaréis en sesión permanente y que no os separéis de este recinto antes de poner en mis manos el pliego que debo entregar personalmente a don Victoriano Huerta”.

El asesinato de don Belisario Domínguez quedó debidamente esclarecido casi un año después, el 11 de agosto de 1914. José Hernández, alias “El Matarratas”, Gilberto Márquez e Ismael Gómez, temibles agentes de la policía reservada que se encontraban presos en la Cárcel de Belén, confesaron su participación en el nefando crimen…”, “…victimara en las cercanías de Coyoacán. Después de asesinarlo, allí mismo procedieron a desvestirlo. Lo dejaron en paños menores, v luego trasladaron el cadáver al sitio escogido para enterrarlo, tarea de la que principalmente se ocupó el gendarme de Coyoacán a quIen Quiroz le dio de propina los únicos quince pesos que el senador traía en sus bolsillos…”

*Parte del discurso y comentario, publicados en el libro “Belisario Domínguez, el Legislador sin miedo”, del Lic. Carlos Román Celis, con Prólogo de Andrés Henestrosa, Publicaciones Mañana- 1963.

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Un comentario en “*Un discurso del Senador Doctor Belisario Domínguez

  1. Profesor Bonfilio tan valiente fue como valiente es la reproducción de tan temerario y suicida discurso. Nos vemos en el más allá.

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