“Los peligros del despotismo…”

libro Luis Mora

“Los peligros del despotismo…”.-José María Luis Mora, ilustre guanajuatense, nacido en Chamacuero, hoy Comonfort, en 1794, murió en París en 1850; sacerdote doctorado en teología, “clérigo anticlerical”, Historiador, político mexicano que fue uno de los más destacados liberales en los inicios de la Independencia, partidario de la enseñanza laica, intentó desligar la educación del clero, y se distinguió por su empeño en lograr el acceso universal a la educación. Mora consideraba que los métodos de enseñanza podían transformar la conciencia cívica de las futuras generaciones. Todo ello lo enfrentó a los conservadores, que se oponían a sus ideas renovadoras. Con todo, pudo formular un plan de estudios vanguardista y crear el Colegio de Ideología, que pretendía reorientar de modo racional la mentalidad mexicana para formar una conciencia civil en contra de las ambiciones de Agustín de Iturbide.

Sobre esa, su posición, publica un artículo en “El Observador de la República Mexicana”, primera época en 1827, “DOS DISCURSOS SOBRE LOS PELIGROS DEL DESPOTISMO”; del “Primer discurso sobre los medios de que se vale la ambición para destruir la libertad” tomado de una reproducción facsimilar publicada en 1974 de una edición de materiales de cultura y divulgación política mexicana del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Revolucionario Institucional (Primera parte y final).

“… El mal de las repúblicas consiste ahora y ha consistido siempre, en la poquísima fuerza física y moral que se confía a los depositarios del poder. Esta necesidad que la trae consigo la naturaleza del sistema, tiene, como todas las instituciones humanas, sus ventajas e inconvenientes, que deben pesarse fielmente antes de adaptarse; porque una vez admitidas es necesario arrostrar, con todo, antes que hacer una variación que, por ligera que sea o se suponga, abre la puerta al cambio total del sistema y es un sacudimiento que aunque ligero, si se repite, socava lentamente las bases del edificio social hasta dar con él en tierra”. “…este bien inestimable está más expuesto a perderse que en cualquiera otra clase de gobierno, si los libres no están muy alerta para prevenir a toda especie de pretensiones que tiendan, aunque sea por pocos instantes,: a disminuir su libertad y a aumentar con estas pérdidas la fuerza del que empieza por dirigirlos y acabará indefectiblemente por dominarlos.

El amor del poder, innato en el hombre y siempre progresivo en el gobierno, es, mucho más temible en las repúblicas que en las monarquías. El que está seguro de que siempre ha de mandar, se esfuerza poco en aumentar su autoridad; más el que ve, aunque sea a lo lejos, el término de su grandeza, si la masa inmensa de la nación y la fuerza irresistible de una verdadera opinión pública no le impone freno, estará siempre trabajando con actividad incansable por ocupar el puesto supremo, si se cree próximo a él o por prolongar indefinidamente su dirección y ensanchar sus límites, si ha llegado a obtenerlo. .

“El que trata de establecer el régimen arbitrario, lo primero que procura es que las personas de los ciudadanos estén enteramente a su disposición. Una vez alcanzado esto, camina sin obstáculo hasta llegar al término. Para conseguirlo supone la necesidad de aumentar la fuerza del gobierno, por la suspensión de las fórmulas judiciales, por las leyes de excepción y por el establecimiento de tribunales que estén todos a devoción del poder y bajo su dirección e influjo; para esto sirve admirablemente el sistema de abultar riesgos y peligros”.

“Persuádanse pues los ciudadanos que tienen la felicidad de pertenecer a una república que para su régimen ha adoptado instituciones libres, de la importancia de poner un freno al gobierno que traspase o pretenda traspasar los límites que ponen coto a su poder; desháganse por los medios legales de todos aquellos que manifiesten aversión a los principios del sistema y tengan el atrevimiento y desvergüenza de atacarlos; desconfíen de todas las solicitudes relativas al aumento o concesión de poderes extraconstitucionales o contrarias a las bases del sistema, sea cual fuere su título o denominación, especialmente si para obtenerlos se alega la existencia o temores de conspiraciones; escuchen con suma desconfianza a los que de ellas les hablaren con el objeto de excitarles a salir de las reglas comunes y del orden establecido; pues si esto llegase a verificarse alguna vez, los delitos políticos se reproducirán sin cesar y la libertad jamás sentará su trono en una nación que es el teatro de las reacciones y de la persecución, compuesta de opresores y oprimidos y que lleva en sí misma, el germen de su ruina y destrucción…”.

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