“Estado de sitio en Hidalgo por el Bandolerismo”

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Para recordar a Don Benito Juárez en su 143 Aniversario Luctuoso.

Alarmado el gobierno Juarista con las noticias provenientes de la Entidad y teniendo encima la rebelión porfirista de La Noria, solicitó al Congreso facultades extraordinarias para restaurar la paz, y el 28 de enero de 1872 declaró el estado de sitio en el Estado.

“En el preámbulo del Decreto, Benito Juárez decía que adoptaba el temperamento de la declaración de Sitio, porque estaba enteramente interrumpida la acción de las autoridades por las diversas gavillas de plagiarios y salteadores que en todas direcciones del estado merodeaban, haciendo una guerra vandálica y salvaje: que esa declaración se hacía tanto por haberla solicitado el encargado del poder ejecutivo, como una gran parte de los habitantes del mismo estado, porque fueron de suyo ineficaces los medios que hasta entonces se habían puesto para la defensa de los intereses sociales y la conservación de la paz pública.

Muchos funcionarios en Hidalgo eran simpatizantes de Díaz, y Juárez pensó que la desenfrenada actividad de los bandoleros era una excusa conveniente para apoderarse del estado y así deponer a sus enemigos. Indignado por la decisión del presidente Juárez, el gobernador constitucional, Antonino Tagle, protestó contra el estado de sitio, así como contra las autoridades que de él emanasen, por considerarlo un acto atentatorio a la soberanía estatal.

Durante los meses en que el estado estuvo sustraído de la marcha constitucional no se llevaron a cabo acciones eficaces para evitar las manifestaciones de violencia que seguían ocurriendo, por lo que es patente que la medida adoptada por Juárez sólo tenía motivos políticos y no iba encaminada a solucionar los problemas que privaban en la entidad…”. (“Hidalgo una Historia Compartida” de Ana Lau Jaiven y Ximena Sepúlveda Oteiza. Ediciones del Instituto Mora- 1994)

“Cuando se viaja en México hay que comenzar por hacer su “testamento”. Ampere resumía así la importancia de un fenómeno social que surgió y se desarrolló en México después de la Independencia. Y en efecto, el bandolerismo no sólo fue una de las consecuencias más graves de la anarquía del país, sino también constituyó el origen de un vasto grupo humano que llegó a formar parte de lo que hemos llamado “sectores marginales” de la sociedad mexicana de la época.
La aparición de los “salteadores” de caminos, que pululaban por todo el país, fue naturalmente un efecto directo de las convulsiones revolucionarias que se precipitaron al independizarse México. La miseria, el hambre, la falta de recursos y medios de trabajo, la inexistencia, la destrucción o la parálisis de la industria, la desorganización de la agricultura y, en fin, el desplome general del edificio social del país, así como la desaparición de toda autoridad y de todo control oficial, arrojaron a numerosos sectores de la población hacia el bandidismo y el pillaje.

Cuando la anarquía reemplazó al orden, las condiciones difíciles llevaron a numerosos mexicanos a la desesperación y al hambre, el bandolerismo asumió proporciones increíbles, verdaderamente catastróficas para la economía del país. “En cuanto a los asaltos en las carreteras, quejábase un embajador francés, han llegado a ser tan frecuentes que no se les puede ya contar; pero no hay duda de que han adquirido un enorme desarrollo en lo que toca a las diligencias y las carretas de carga. No son ya los viajeros a quienes las bandas de asaltantes se contentan con desvalijar, sino también las mercancías, que son robadas en masa. El comercio, que se encuentra en un estado de horrible sufrimiento, se ve, en consecuencia, despojado de sus mercancías antes de haberlas recibido”.
El origen social de los bandoleros era por lo general bastante variado: campesinos que preferían la aventura productiva a la miseria de los campos, y que, después de ser armados por los levantamientos, decidían permanecer en las montañas por razones semejantes; caporales y mayordomos rurales que encontraban en el pillaje campestre un refugio contra los requerimientos judiciales; en fin, soldados y oficiales del ejército regular que desertaban después de cada guerra civil, para entregarse a actividades que les aseguraban jugosas recompensas y les permitían evadir la justicia militar”.

“… Las descripciones de la época pintan a los bandoleros con rasgos característicos: rostros oscuros, cubiertos con grandes pañuelos para ocultar la identidad, armados con mosquetones y sumamente hábiles para el despojo. Habían llegado a alcanzar un grado tal de desarrollo, que, al lado de los manufactureros y los artesanos, constituían uno de los grupos mejor organizados del país. Su red se extendía a todos los caminos de México y disponían incluso de “agentes de información” en casi todas las ciudades importantes. Obtenían de este modo las informaciones necesarias sobre las diligencias que iban a salir, el valor de su cargamento, la fortuna de los pasajeros, la fuerza de la escolta militar, etc. “Se podría decir, comentaba Saligny, que el robo y el bandolerismo han pasado aquí al estado de institución: es incluso la única institución que parece tomarse en serio y que funciona con una perfecta regularidad”.

(Carta al Ministerio de Negocios Extranjeros de Francia, 20 de diciembre de 1885, reproducida en publicación de la Secretaría de Gobernación del Gobierno Federal en “El Año de Juárez”, 1972. La litografía “ataque a una diligencia” corresponde al libro “México y sus alrededores” de 1869 de la Imprenta litográfica V. Debray Editor. ).

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