A 100 años del fallecimiento de Porfirio Díaz

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Sepultado en el cementerio de Montparnasse, Paris, Francia.
julio 2 de 1915

Tal vez porque la figura de Díaz sigue inspirando acalorados ataques y defensas, se ha vendido tan bien el libro de Paul Garner: “Porfirio Díaz: ¿héroe o villano?” : una biografía política del héroe al dictador y donde nos dice que “…los vínculos entre el neoporfirismo y el neoliberalismo como proyecto político ya se han identificado claramente y corren el riesgo de seguir distorsionando la “calidad histórica” de la época de Díaz”.

El especialista condensa en este texto los postulados de su libro de donde tomamos los siguientes párrafos:
“Pocas figuras en la historia de México, e incluso en la de América Latina, son tan conocidas como Porfirio Díaz. Hasta muy recientemente, pocas han sido más incomprendidas o difamadas. La explicación básica para tantas distorsiones se revela al investigar los vigorosos mitos que se han creado en torno a la figura de Díaz. Todos los mitos, creados durante y después de la vida de Don Porfirio, tuvieron un origen y un claro fin político, pero cada uno se fortaleció con base en una corriente historiográfica poderosa, pero últimamente distorsionada. Por lo tanto, para empezar a acercarse con más imparcialidad a la vida de un personaje tan importante, y tan polémico, es imprescindible entender cómo la imagen de Díaz ha sido creada y denigrada y, sobre todo, cómo ha sido objeto de apropiación a lo largo del último siglo. De hecho, las diferentes representaciones del régimen porfirista pueden verse como un claro ejemplo de los cambios tanto de la moda historiográfica como de la política nacional a lo largo del siglo XX. Estas interpretaciones contradictorias entre sí han dificultado, si no imposibilitado, la realización de un análisis equilibrado tanto del hombre como de su régimen”.

“La historiografía porfiriana puede dividirse en tres categorías principales, cada una con una cronología, un enfoque y, cabe decir, una distorsión específicos. Estas son: el porfirismo, el antiporfirismo y el neoporfirismo. El retrato favorable de Díaz (porfirismo) domina la historiografía del periodo anterior a la Revolución de 1910, aunque durante y después de ésta se hicieron algunas contribuciones importantes. El porfirismo pone de relieve, sobre todo, la longevidad del régimen, particularmente en contraste con sus predecesores en el México del siglo XIX, y su éxito al lograr una estabilidad y una paz políticas por un periodo de casi 35 años; su patriotismo, su heroísmo, su dedicación, su sacrificio personal, su tenacidad y su valentía”.

“El antiporfirismo dominó la historiografía mexicana durante casi tres generaciones de la posrevolución. Sin embargo, en la década de 1990 hubo fuertes indicadores de que la imagen de Díaz y la interpretación de su régimen habían sufrido una marcada transformación. Se empezó a interpretar la época de Díaz bajo una luz mucho más positiva, que se llegó a identificar como un culto neoporfirista. Ciertamente, incluso podría afirmarse que el neoporfirismo constituye ahora la nueva ortodoxia historiográfica…”. “…Cada vez más se rechaza la división tradicional de Porfiriato y Revolución, así como su categorización como fenómenos separados. Ahora se interpretan las tensiones y conflictos de la época como un choque “cultural” (en el sentido más amplio del término) entre una sociedad “tradicional” y las fuerzas de la “modernidad”.

“… El peligro inherente del nuevo revisionismo, que se manifiesta en el reciente crecimiento del neoporfirismo, es que, con la transformación de la imagen de un dictador diabólico en la de un patriarca benévolo y patriota, Díaz encontrará, de nuevo, un lugar en el panteón de los héroes nacionales. Esto representaría una oportunidad perdida. Además, los vínculos entre el neoporfirismo y el neoliberalismo como proyecto político ya se han identificado claramente, y corren el riesgo de seguir distorsionando la “calidad histórica” de la época de Díaz”.

“No está libre de ironía el hecho de que, en 1911, el acérrimo porfirista Enrique Creel, gobernador de Chihuahua y ex embajador de México en Estados Unidos, escribiera a Díaz durante su exilio en París y, en un intento vano de consolar al presidente exiliado, hiciera la siguiente predicción: “Puede usted estar seguro de que el pueblo mexicano y la historia le harán cabal justicia.” Sin embargo, parece que, casi un siglo después, todavía no se ha vuelto realidad la predicción de Creel. El simple hecho de que los restos de Don Porfirio sigan sepultados en París, en el cementerio de Montparnasse, simboliza claramente que el Estado posrevolucionario aún no acepta el legado del régimen de Díaz, y que la reconciliación histórica de México con una de las figuras más importantes en el desarrollo de la nación tampoco se ha realizado”.

Las alabanzas a Díaz por parte de sus contemporáneos no llegaron exclusivamente de los que lo apoyaban políticamente. Quizás la más improbable sea la del mismo Francisco I. Madero, el primer mandatario del México revolucionario después del exilio de Díaz en 1911. En su notable libroLa sucesión presidencial en 1910 (1909), que desencadenaría no sólo el movimiento antirreeleccionista y su propia candidatura a la presidencia, sino la misma Revolución, Madero escribió:
“En lo particular, estimo al general Díaz y no puedo menos que considerar con respeto al hombre que fue de los que más se distinguieron en la defensa del suelo patrio y que, después de disfrutar por más de treinta años el más absoluto de los poderes, ha usado de él con tanta moderación”.

Nota fuera del texto: Parrafo final de la renuncia del Presidente Porfirio Diaz Mori: “Espero, señores diputados, que calmadas las pasiones que acompañan a toda revolución, un estudio más concienzudo y comprobado haga surgir en la conciencia nacional, un juicio correcto que me permita morir, llevando en el fondo de mi alma una justa correspondencia de la estimación que en toda mi vida he consagrado y consagrare á mis compatriotas”.

Con todo respeto.
Porfirio Díaz
México, mayo 25 de 1911.

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